Crónica | La transformación de la ciudad naval Desde el año 1750 una pared separaba de forma violenta la vida civil de la militar en pleno centro urbano; el derribo de ese muro permite, ahora, devolver su horizonte a la urbe
30 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?errol, la ciudad del mar, dará ahora nuevo lustre a su nombre. Lleva más de 250 años con la vista cegada. El Estado se reservó su fachada costera para usos militares. Un muro, de hasta siete metros de altura en algunos tramos, cortaba de forma violenta el horizonte en pleno corazón de la urbe. La tarde del pasado jueves, y tras recibir la pertinente autorización del Concello, la Armada inició el derribo de algo más de setenta metros de la citada plancha. El próximo año se desplomarán otros ochenta. Las tareas se enmarcan dentro de un proyecto para convertir la zona del Arsenal y Herrerías (justo enfrente de la alameda del Cantón de Molins) en un espacio dedicado a la cultura y, en breve, abierto a toda la sociedad civil. Misión: proteger La polémica muralla ferrolana fue levantada en 1750, en pleno reinado de Fernando VI. Su misión era proteger un amplio espacio dedicado a tareas de defensa nacional. Desde entonces, la tapia creció a lo ancho y a lo largo. Fueron necesarias cinco remodelaciones. Cada una de ellas dejaba un poco más invidente a la ciudad. Ahora, piquetas y excavadoras se ceban para borrar un importante tramo de pantalla. Las obras durarán una semana. Ferrol se reconcilia así con el mismo mar que lo alimentaba antes de que los astilleros y las fuerzas militares marcasen su actividad laboral. Nadie ha querido pasar por alto un hito considerado histórico, casi tan emblemático como el traslado de la estatua de Franco, que tuvo lugar en julio de 2002. La última galopada del dictador (hecha a lomos de una grúa) lo llevó entonces desde la céntrica plaza de España hasta, precisamente, el recinto museístico de Herrerías, donde es pieza de exposición. El alcalde, Juan Juncal (PP), no dudó en mostrar su satisfacción por una «magnífica noticia». Su socio de gobierno, Juan Fernández (independiente), fue tajante: «Ese muro separa. Separa y mucho. Cada vez que lo pasabas parecía que ibas a hacer la mili». Bernardo Castelo, historiador ferrolano, va aún más allá: «El derribo cambiará el talante de la gente. Dejaremos de sentirnos sitiados». Y es que las cosas han cambiado, y mucho, desde 1750. Tanto que el Concello ha conseguido un pacto con la Armada para que en los próximos meses una parte del Arsenal quede absorbida como espacio público, con un mirador y plazas de aparcamiento en su interior. La meta es transformarlo en una extensión del Cantón. Plan cultural Todas estas iniciativas se entienden dentro de un ambicioso proyecto de los ministerios de Defensa y Fomento y la Xunta para reconvertir la zona castrense en un recinto con aroma a cultura. Allí se ubicará el Museo Permanente de la Construcción Naval, un referente para toda Europa en su modalidad. El año pasado ya se le dio un primer tajo a la muralla, de sólo cinco metros, para permitir la entrada de la maquinaria que ejecuta las obras en el interior. El derribo de la pared es una demanda social que desde hace años ha hecho coincidir a todas las fuerzas políticas en una opinión común. Pero nunca, hasta el momento, se había encontrado el camino adecuado. La ciudad verá ahora el mar y el mar saludará a Ferrol. Han tenido que pasar más de dos siglos y medio para su reencuentro.