«España suele ser indifferent»

La Voz

GALICIA

BENITO ORDÓÑEZ

Entrevista | Rafael Lamas Domènech Rafael Lamas, ferrolano por familia y vocación, forma parte de la élite intelectual de Manhattan, donde da clases de crítica cultural, y conciertos de piano por todo el país

17 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Vivía en Pennsylvania, era profesor en una de las ocho universidades de la Liga de la Enredadera, esa vieja camarilla aristocrática con Harvard y Yale; pero ahora se mudó a Manhattan porque tiene 32 años y aún puede resistirlo: en Nueva York no hay niños ni mayores de 40, es mal sitio para ellos, cuando uno llega a cierta edad se compra una casa con jardín y allí cría, en terreno menos hostil. ¿Hará eso él? Le gustaría jubilarse en Galicia, el lugar de la niñez. -En su familia los cinco nietos estudiaron música. -Pero no creo que se lleve en los genes (dice que tocar el piano es una forma de ser, y él es un hombre manso, muy humilde, impone). Los que nacimos en los 70 fuimos los primeros que pudimos hacer lo que nos dio la gana. Y en mi familia hubo mucho apoyo. -Bueno, pero lo tenía claro, estudió Filosofía, raro, y se doctoró en Literatura. -Raro es dedicar la vida a algo que no tiene sentido y leer filosofía es una de las pocas cosas que sí lo tiene. No sé, las decisiones importantes siempre están mediadas por circunstancias imposibles de determinar. Recuerdo que a los 14 leí la obra completa de Nietzsche. Puede ser una influencia, pero no la principal. -¿Y no está aislado del mundo entre tanto libro? -Si estudiase por profesión, sin duda. Pero si es una búsqueda o una manera de entender lo que te rodea, la lectura se convierte en una ayuda extraordinaria. Para mí los aislados son los que no se dan cuenta de dónde están, lean un libro, vean la tele o hagan lo que hagan. A mí me encanta viajar, ir a espectáculos, ¡estoy casado con una andaluza que es un torbellino! -¿Y por qué emigró? -Me encontré con dos títulos superiores, uno de Música y otro de Filosofía, y un futuro en el paro casi ineludible. Si quería investigar y desarrollar una carrera artística tenía que hacerlo, y aprovechar dos becas que me ofrecieron, en Italia para piano y en los USA para el doctorado. De España no podía esperar nada de nada. En nuestro país, la emigración intelectual se remonta a tiempos inmemoriales. -¿Y cómo ve aquello? -Nueva York es un lugar fantástico para conocer a gente distinta. Y no hablo del tópico del centro multicultural por excelencia. Hay muchos espacios de libertad, resistencia y creatividad. Las diferencias son aún oposiciones, conciencia crítica. -Son un poco esnob. -No, no, hay de todo, los esnob suelen ser los europeos de visita. Los neoyorquinos tienen menos complejos. -Pero el ruido es constante, los apartamentos enanos, antes contó que construyen edificios con salones privados en la última planta para que los inquilinos atiendan allí a sus visitas. -En Nueva York saltan a la vista muchas de las contradicciones fatales que nos acecharán en este siglo, y para mí que estas faltas y excesos son el síntoma del aumento de la injusticia social, el detrimento de la libertad del sujeto y la destrucción ecológica. (También es epicúreo, se entrega a los choquitos). -Pero se adaptó bien. -Sí, la verdad es que, salvo a la familia, no echo nada de menos. Hay que desengañarse. Spain no es different, Spain suele ser indifferent. Galicia es otra cosa. -¿Y de qué habla la elite cultural estadounidense? -La ideología posmoderna se ha colado por todas partes. La crítica cultural se dedica a hablar de deconstrucción. Lo bueno es que hay una sólida tradición de libertad de expresión. -¿Y lo del 11-S, las trolas de Irak, todo eso qué? -Yo creo que nuestro modelo de democracia está lejos de representar la voluntad popular, o al menos el interés general. Pasa algo muy grave. Algo que todos sabemos, aunque muy pocos lo digan.