El mundo a los cuatro vientos Un desconocido gana con una apuesta de un euro la loto italiana, que tenía un bote de 66 millones, el premio más importante dado nunca en Europa
14 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.¿Qué haría usted con 66 millones de euros? ¿O lo que es lo mismo, con 11.000 millones de pesetas? Seguramente fugarse de su pueblo, máxime si éste tiene 4.500 habitantes y ahora, casi otras tantas cámaras de televisión. Es probable que eso haya hecho el desconocido que en la noche del miércoles se convirtió en el hombre con más suerte de Europa, el ganador de la Superenalotto, la popular lotería italiana. Este hombre joven, según recordaba el dueño del bar donde se selló el boleto, puede ser incluso uno de los muchos inmigrantes que viven en Veduggio con Colsano, una localidad en los suburbios de Milán que hasta ayer sólo era conocida por sus fábricas de tornillos y por un bucólico club de alpinismo. Ahora Veduggio y su comarca están convulsionados por saber quién ha sido el afortunadísimo que ha roto un maleficio de 44 sorteos sin acertante y que, según las frías leyes de la probabilidad, consiguió algo más difícil que ser alcanzado en cien ocasiones por un rayo. Esa persona invirtió un euro en la combinación de su vida: 9, 11, 39, 44, 49, 86 y 47. Siete números de entre noventa que hacían casi imposible el premio. Sin duda muy difícil, porque se han necesitado 105 millones de combinaciones para llegar al superpremio del miércoles. De media Europa Con dificultades o no, lo cierto es que cada vez más y más personas se animan a participar en una lotería que desde febrero sólo incrementaba las cuentas de un bote. Cada semana, unos veinte millones de jugadores estaban pendientes de que siete cifras les arreglasen la vida definitivamente. La fama de la Superenalotto es tal que no sólo los italianos se han vuelto locos con ella, sino que muchos turistas que este año han visitado la península probaron suerte por si acaso y gracias a la insistente publicidad. Incluso miles de personas de Francia, Austria, Suiza y hasta Eslovenia han cruzado al país en busca de los 66 millones de euros. En algunas localidades fronterizas, como es el caso de Bolzano, muy cerca de Suiza, el número de jugadores ha crecido hasta un 130% y la pasión se ha desbordado hasta tal punto que en Italia ya se están alzando voces contra el auge de los juegos de azar, como es el caso de la asociación de consumidores que, dice, al no existir un límite a la hora de participar en la Superenalotto, se fomenta la dependencia y la adicción. Muy popular No es ninguna locura lo que explican, porque en toda Italia es común encontrar en bares, estancos y pequeños negocios un espacio dedicado a las apuestas, especialmente a las que patrocina el Estado. Allí los italianos con menos posibilidades sueñan que un euro les cambiará la vida y claro, cuanto más juegan más y más grande se hacen los premios, y mayor es el tirón publicitario. Uno de estos bares, el Corona, de Veduggio con Colsano, fue el lugar donde se selló el boleto y su dueño, un hombre de sorprendente parecido con Marco Pantani pero que responde al nombre de Lorenzo Lerano, celebraba por todo lo alto tan buena suerte. Y eso que a él no le toca nada, y como asegura desconocer la identidad del afortunado, tampoco podrá pedirle una propina . Pero nada de eso parecía perturbarle ayer, cuando era objeto de las cámaras de media Europa, no en vano el premio es el más importante dado nunca en el continente. El ganador bien puede dirigirse a cualquier banco del país para ingresar la papeleta más perseguida de Italia, y aunque tardará sesenta días en cobrar el millonario importe, no tendrá problemas para hallar una entidad que le libre de semejante peso: cuando cobre lo hará con intereses, 150.000 euros por dos meses de espera. Y todo gracias a un único euro.