Reportaje | Los premios nacionales de fin de carrera en Galicia Quince estudiantes gallegos consiguieron, con un currículo plagado de sobresalientes y matrículas, el premio nacional fin de carrera que otorga el Ministerio de Educación
09 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Marta Concheiro está en Edimburgo. Laura Hospido en Inglaterra. Ana Olea en Portugal. Por fin, José Luis Pastoriza responde al teléfono. Localizar a un premio fin de carrera en pleno mes de agosto es complicado. Perfeccionamiento del idioma, tesis, investigaciones... Por sus cabezas vuelan los proyectos y no los dejan escapar. José Luis recibió el segundo galardón en Filosofía, unos 2.100 euros y el reconocimiento. Empezó Derecho y lo dejó «en la crisis de los 21». No por las malas notas, sino porque nació con vocación de filósofo. Lo parece, al otro lado de la línea. «De las grandes metas nacen las grandes frustaciones», responde cuando se le pregunta por su futuro. Es uno de los quince gallegos premiados, de un total de 259 en toda España. La Universidade de Santiago fue la que obtuvo la mejor posición, con diez galardonados. Los otros cinco estudiaron en A Coruña. Medicina, Farmacia, Economía, Pedagogía, Sociología, Ingeniería Naval... los laureles se repartieron en casi todas las áreas universitarias. Sin embargo, no todo fueron matrículas en sus expedientes. José Luis Pastoriza tiene algún cate y José Crecente, otro de los premiados, también. Claro que al lado del suspenso figuran unas quince matrículas de honor. Este lucense finalizó Ingeniería Técnica Industrial y asegura que nunca llevó una chuleta a un examen. «Se me notaría», arguye. Se planteó dejar la carrera en cada curso pero ahora ya está pensando en hacer otras de las especialidades en la misma facultad. Indecisión Las dudas no son extrañas en estos universitarios brillantes. La vocación choca en ocasiones con las salidas laborales, pero al final siempre acaba venciendo la primera. Para demostrarlo, está el ejemplo de Elena González Alfaya. En tercero de Matemáticas decidió por fin hacer lo que quería: Pedagogía. Mal no le fue, ya que recibió el segundo premio fin de carrera del Ministerio, y el de la Xunta de Galicia. Elena se niega además a confirmar la imagen del cerebrito estudioso, del que todos quieren sentarse al lado el día del examen. Asegura que sus compañeros ni siquiera sabían cuáles eran sus notas, «porque siempre estaba haciendo cosas, actividades de voluntariado, un Erasmus en Roma...» Nunca se sacó una chuleta de la manga, porque reconoce que le encantaba la carrera. El premio fin de carrera supone, además de un respiro para sus economías -el primero llega a los 2.700 euros-, un empuje para continuar con sus estudios, porque, si en algo coinciden es en que todos están enganchados a la investigación, no les preocupa el futuro y reconocen que el mercado laboral no les ofrece muchas garantías.