El mundo a los cuatro vientos Algunos supermercados de la provincia argentina de Mendoza prohíben a las empleadas acudir al aseo durante su jornada laboral, y las fuerzan a usar pañales para adultos
01 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.María aprieta el botón que enciende la luz roja para llamar a la supervisora. Mientras tanto sigue pasando por el lector de barras los productos que ha comprado la clienta que no pierde de vista los números que va tecleando. María aprieta los labios y sopla despacio. La clienta no deja de mirarla. Por fin llega la supervisora: -¿Qué pasa, María? -Que me estoy haciendo pis. -Lo siento, ya sabes que la orden es no abandonar la caja por ninguna razón. La supervisora mira el reloj y agrega: -Aguanta, sólo te falta una hora y media y te vas. María no aguanta y abandona la caja. A los pocos minutos ha sido despedida, ya no tiene trabajo. Con el propósito de evitar esta situación, algunos dueños de supermercados e hipermercados de la provincia argentina de Mendoza decidieron que sus cajeras usaran pañales para adultos, así no tendrían que levantarse para ir al servicio y abandonar sus tareas. Escándalo Claro está que la medida despertó el escándalo y la polémica. Ahora la justicia de Mendoza y el Gobierno, a través de la Subsecretaría de Trabajo Provincial, investigan las denuncias elevadas por el jefe de la Confederación General del Trabajo (CGT) mendocino. Guillermo Pereyra, del Centro Empleados de Comercio (CEC), el sindicato que ampara a las cajeras, fue uno de los que llevó a las autoridades provinciales las denuncias de las empleadas. El sindicalista no quiso dar los nombres de los grandes centros comerciales a los que involucra -«no lo voy a decir porque corren riesgos las mujeres que confiaron en mí»- ?y solo aclaró que se trata «en especial de aquellos que están controlados, administrados o tienen aporte mayoritario de empresas extranjeras». Sí sostuvo que «a las cajeras, en un porcentaje bastante significativo, las obligan a trabajar con pañalines en forma continua ante posibles incontinencias, ya sea por producto del frío, los nervios, presiones o estrés». Que intervenga la justicia «Esto excede una irregularidad laboral. Lesiona derechos humanos y roza la privación ilegítima de la libertad. De ahí la urgencia de que la justicia intervenga», añadió Pereyra. Las autoridades de la subsecretaría admitieron que se trata de un tema de «difícil solución» ya que costará mucho encontrar pruebas o víctimas que se animen a contar su historia ante el miedo a la pérdida del empleo. La polémica se instaló en la sociedad mendocina. Los clientes de los hipermercados ponen sobre las cajeras miradas cómplices como esperando un gesto de afirmación o directamente una confesión morbosa: «Sí, llevo pañales¿» En las tertulias de los bares también es el tema, en especial porque aun no comenzó el fútbol, y cada cual saca sus conclusiones; todos están en contra de la medida y a favor de las pobres cajeras que, además de ganar un salario que no llega a los 90 euros mensuales, tienen que padecer una situación humillante. Los dueños de los comercios niegan todo, «es una estupidez» dicen algunos; «sería inhumano» confiesan otros. Pero el hecho existió y forma parte del rigor con que algunos empresarios entienden que dar un trabajo -hay 19 millones de parados en Argentina- es hacer un favor, y les da la opción de poner sus propias reglas. Ante esta situación, será difícil encontrar a una cajera dispuesta a colaborar en la investigación, conseguir en Argentina un trabajo es una lucha desesperada y resultará complicado que las afectadas hablen, aunque sigan haciéndose pis encima.