El mundo a los cuatro vientos La Policía gala desarrolla con éxito una técnica que permite identificar a un ladrón o a un asesino mediante sus huellas olfativas. Basta un pañuelo y un perrito adiestrado
18 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Hágame un pequeño favor, si es tan amable. Agarre este periódico entre sus manos, acérqueselo a la altura de la nariz y huélalo... ¿Qué?... ¿Le huele como a papel, no? Pues no se preocupe, porque es bastante normal. Aunque también debería saber que su fragancia corporal, que es diferente a la de cualquier otra persona, quedará estampada sobre este ejemplar de La Voz de Galicia durante mucho tiempo, hasta el punto de que, igual mañana que dentro de cinco años, podremos saber quién es usted, siempre y cuando el diario no acabe envolviendo xurelos en la plaza o en otro lugar menos honroso. Lo que acabo de contarle no es un truquillo de magia barata. Es ciencia. Y se llama Odorología. La inventaron los rusos en los 70 y ahora la están desarrollando con gran éxito los franceses como una de las armas más eficaces para combatir el crimen. Así que, por lo que pueda pasar, le recomiendo que no haga ninguna fechoría con el periódico, pues países como Bélgica, Holanda, Alemania, Cuba y España están muy interesados en importar la técnica. La Odorología trabaja con la huellas olfativas, que son como las dactilares, pero con algo más de aroma. Para hacerse una idea de lo revolucionario que es este método de trabajo, pongamos, por ejemplo, que entran a robar en una casa y que los cacos han tocado algo. Para tener registrados a los bandoleros, bastará con que los expertos, provistos con unas cintas adhesivas y unos pañuelos especiales, recojan las huellas olorosas de la silla en que estuvieron sentados los desconocidos o en el cajón que dejaron abierto. Las cintas se meten después junto a uno de los pañuelos dentro de un tarro esterilizado, con unas condiciones de temperatura y de humedad determinadas, y, con el paso del tiempo, el olor de la persona que entró a robar impregnará todo el tejido «al menos durante cinco años», asegura la Política Técnica y Científica francesa. Una perrita adiestrada, que olfatee el pañuelo, se encargará de rematar la faena en una ronda de reconocimiento cuando muestre sus dientes al verdadero ladrón. Aunque fue en la Rusia comunista donde se comenzó a experimentar con este método, las investigaciones quedaron aparcadas a finales de los años setenta por falta de dinero y por los escasos resultados. La Alemania del general Jaruselzski, la del Este, le puso un poco más de empeño y presentó sus primeros resultados en un simposio en 1972. A partir de entonces, varios países del bloque comunista se lanzaron a perfeccionar esta herramienta y el resultado es que actualmente los mayores santeros en esta materia se encuentran en Hungría, país donde las huellas olfativas son admitidas como pruebas de cargo por la instancia judicial suprema. Francia es el primera nación occidental que se sube al carro de la Odorología. La Policía Científica gala ha entrenado en Budapest a cuatro perros, pastores alemanas. Uno de ellos, la sociable Colette , identificó a principios de este año a un criminal por el cheiro que había dejado sobre los asientos de un vehículo robado. Claro que a los franceses, la debilidad por las fragancias le viene de viejo. No hay más que recordar al zarrapastroso Jean-Baptiste Grenouille, el protagonista de la novela El perfume , para comprobar que, aunque sea de ficción, al norte de los Pirineos, pueden llegar a tener muchas narices.