Reportaje | Alcaldes históricos que perdieron el bastón de mando el 25-M Entre los clásicos caídos, hay quien prefiere dedicarse a su huerta, pero también quien se resiste a asumir la nueva situación y ya piensa en las elecciones municipales del 2007.
05 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Érase un hombre a un bastón de mando pegado. Érase un bastón viejo, pero no ajado, con cierto atractivo, motivo de orgullo para su dueño. Érase un pedazo de madera brillante y noble que José Astray (Ames, 1940), después de treinta años conservándolo, quería retener. Pero no pudo. Su historia es como la de otros siete alcaldes clásicos que el 25-M dejaron de serlo; salieron derrotados de las urnas en Galicia. Ahora han descubierto que también hay vida tras el poder. «Tengo mucho que leer, soy muy aficionado al tenis y a la pesca, tengo una huerta con frutales donde disfruto como un enano. Tengo nietos y una familia a los que podré atender. ¡Ah! Y además, voy a tratar de aprender cómo se hace eso de ser la oposición, que también debe de tener su parte bonita, ¿no?». Se expresa así Astray, que empezó joven a gobernar un concello de apenas 10.000 habitantes y acabó abuelo, siendo vecino de 19.000 personas. De la misma boca que jamás ha renegado del tardofranquismo salen también palabras reflejo de un talante democrático: «Este día tenía que llegar en algún momento; el pueblo nunca se equivoca, respeto totalmente lo que ha votado». Ganó las elecciones para el PP en Ames, un milagro demográfico en la periferia de Santiago, pero sin superar la suma de apoyos recabados por PSOE y BNG. Ahora ha pasado del centro del campo a la grada de ese gran estadio que es la política municipal. Por lo demás, guarda el mismo número de móvil, viste igual, continúa levantándose a las siete y pico, el domingo tapea donde solía... Como Astray, el ex regidor de Arzúa, Manuel Moscoso, ha optado por alejarse un tanto de la cosa pública, si bien seguirá ejerciendo como líder popular en el pleno de la corporación. «Ahora trabajo; bueno, quiero decir que trabajo en otra cosa, en una casa de venta de herramientas que es mía y por la que antes sólo pasaba un rato. También veo más a los míos, tomo café repasando la prensa y charlo con los amigos», cuenta este hombre de 55 años que fue primer edil durante 14. Escribir una novela Todavía aterrizando en el planeta de los gobernados, José Ramón Vidal (Lousame, 1953), relata con cierto deje socarrón el estatus que estrena. «Xoguei sete partidas e gañei seis -asegura aludiendo a sus victorias en los comicios entre 1979 y 1999-, logo non é para deprimirse. Agora, igual escribo unha novela histriónica, que está moi de moda». Ya más confidente, aunque tan o más expresivo, reconoce que todas esas horas que venía dedicando a la alcaldía le sentarán «cojonudamente» para centrarse más en la enseñanza, disfrutar de sus dos críos y descansar. También hay a quien le cuesta asumir su nueva situación. Regidor de Sada desde 1979, Ramón Rodríguez Ares -todos le llaman Moncho- acaba de abrir un despacho dentro de la casa consistorial, donde atiende al público en horario de diez a dos. «La gente viene a verme a mí porque les resuelvo rápido cualquier tipo de gestión; además, al alcalde de ahora no lo conoce nadie», sostiene. Dice que las tardes las pasa completas en la sede local del PP: «Sigo llegando a casa a las mismas horas. ¡No veas cómo se pone mi mujer!». Ha sido mancebo de farmacia, juez de paz, agricultor doméstico... Pero parece claro que ante todo se considera político -es senador_, y ya piensa en las elecciones del 2007. Político de pura cepa No le ha cambiado en exceso la vida a César Aja, quien dirigió los destinos de Viveiro durante dos decenios hasta el 25-M. «Continúo siendo senador -enumera sus cargos-, acabo de ser elegido diputado provincial y ejerzo la oposición siguiendo de cerca los proyectos que nosotros iniciamos. Ya recuperaremos el poder». Tampoco es mucho el cambio para José Manuel Barros (O Porriño, 1942): «Teño que coordinar a sete concelleiros, liderar a oposición... Aínda que aproveito para adicar máis tempo á miña axencia de seguros, á familia e ó descanso». Tras 22 años de alcalde, ahora se plantea rebajar sus casi 180 kilos de peso: «A ver se agora me coido un pouquiño».