Cachete en primer grado

La Voz

GALICIA

El mundo a los cuatro vientos Dos comités parlamentarios británicos de salud y derechos humanos reclaman al Gobierno de Tony Blair que se prohíba a los padres pegar a sus hijos.

25 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Ocurrió en un pub británico a la hora del Sunday Roast, único momento de la semana en el que permiten la entrada a los niños en este particular local de Hertfordshire. El niño, un rubio de unos cinco años y con la picardía en sus ojos característica de los que se resisten a que se esterilice su niñez, tiraba al suelo de manera repetida la servilleta que su padre una y otra vez colocaba sobre la mesa. Los comensales a su alrededor, otras familias y parejas inquisidoras sin otro objetivo en sus vidas que controlar que se perpetúe el orden en sus pequeños reinos, comenzaron a dar muestras de interés. El padre, consciente, decidió darle un manotazo al rubiales, el típico cachete para que el niño deje de... con la servilleta. En ese instante, el silencio se adueñó del local, las conversaciones enmudecieron, y el padre, con el beef atragantado, se sintió presa de una vergüenza incomprensible por la supuesta barbaridad que acababa de cometer. No era alguien anónimo, le ocurrió al que firma esta crónica. Todo este ejemplo tiene su porqué. En los últimos días, dos comités parlamentarios, uno de salud y el otro de derechos humanos, han pedido en sendos informes al Gobierno de Tony Blair que se prohíba a los padres propinar cachetes a sus hijos, tal y como hace unos meses se les prohibió a las cuidadoras de niños y, con anterioridad, a los profesores. La razón alegada por los parlamentarios es la utilización demasiado frecuente de esta defensa del uso del cachete para propinar (esconder) verdaderas palizas y malos tratos físicos a los niños en los senos de las familias británicas. Según el presidente del comité de salud, David Hinchliffe, alrededor de ochenta niños mueren al año en el Reino Unido por los malos tratos de sus padres, cifra que no ha variado en los últimos 30 años. «En Suecia, donde los padres tienen prohibido pegar un cachete a sus hijos, no se produce ninguna muerte de menores por violencia doméstica», aclara Hinchliffe. Hace unos meses, la ONU indicó en un estudio que el Reino Unido mantenía un pésimo récord de protección de los menores. El 7% de los niños británicos han sufrido abuso físico en sus hogares y unos 36.500 menores se encuentran en la lista de protección. Una conclusión del estudio es la mayor incidencia de casos de abusos físicos por parte de los padres en niños que en niñas. Pero para el Gobierno británico es difícil agrupar en el mismo saco violencia doméstica contra menores con el instinto natural del padre de imponer disciplina, a veces recurriendo al inevitable, porque es humano, cachete. El debate tiene su origen en lo ocurrido a la pequeña Victoria, de ocho años, que murió el año pasado como consecuencia de las 128 heridas que sufrió cuando estaba bajo el cuidado de una tía. Pero la actuación de una demente, a la que deberían de enterrar bajo la piedra más pesada de la Torre de Londres, no es ni por asomo ejemplo de lo habitual. Blair, padre del año en el Reino Unido tras el nacimiento de su cuarto hijo, Leo, opina que «es una cuestión personal de cada padre» saber cuándo tiene que dar un cachete a sus hijos como parte del proceso de disciplina. Porque claro, en la ecuación de los que defienden esta prohibición no ha entrado, por descuido o por omisión voluntaria, la situación de indisciplina que viven las escuelas del Reino Unido. Nunca antes se han detectado niveles mayores de indisciplina en las aulas, incluyendo ataques físicos a profesores por parte de alumnos y padres. De hecho, el número de profesores que han abandonado la carrera se ha doblado desde 1997 y el segundo motivo más alegado para irse de la enseñanza es la indisciplina de los alumnos. Otro punto que hay que tener en cuenta es la manera en la que estos pequeños big brother pretenden controlar si un padre pega un sopapo a su hijo o no. ¿Se instalarán cámaras de televisión en todos los hogares británicos para controlarlo?