Relato de uno de los pasajeros que no pudo viajar a Madrid el domingo
17 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Llegó al aeropuerto con tiempo. No mucho, el justo para tomar un café y partir rumbo a Madrid. Es el relato de uno de los pasajeros que el domingo no pudieron volar desde Alvedro a Madrid porque Iberia, otra vez, canceló un vuelo. El lunes laboral apuraba. Y primaba la tranquilidad para llegar antes a casa. No tuvo la suerte de llegar a su vivienda y deshacer las maletas. Iberia obligó a Alejandro Lousa de Bernardo a otra cosa. Tras una odisea en Alvedro -«nos hicieron volver por la noche para confirmar la lista de espera en un vuelo que desde el principio sabían que viajaba lleno», explica su madre-, al final durmió en el hotel Ruta Jacobea y cambió un cómodo viaje en avión por un aperitivo en la cafetería de Alvedro, una larga espera sin visos de concluir, una carrera en taxi a Santiago, una cena impersonal en un hotel, un madrugón evitable y, casi un día después, el vuelo con destino a Barajas. Alejandro fue uno de los pasajeros que optó por volar desde Lavacolla a primerísima hora de ayer, lunes, después de saber que la solución ofrecida por Iberia a la mayoría de los pasajeros -un vuelo a las once de la mañana que aterrizó en Madrid- era inviable para sus obligaciones. De lo que más se hablaba en Alvedro la tarde del domingo, era de historias personales. «Como la de ese matrimonio con un niño pequeño que tenía un enlace para Paraguay», recuerda Alejandro. «O la de la chica con una pierna escayolada que necesitaba un asiento de pasillo y nadie era capaz de dárselo», dice Carmen, otra joven pasajera. Alejandro y su familia presumen de estar «muy viajados», pero aseguran que volar desde Alvedro «es siempre un problema». Lo que más les molestó, mucho más incluso que la cancelación y la pérdida de tiempo, fue «la forma en que nos trataron». «Sí, les falta esa psicología de atención al público que debería caracterizar a toda gran empresa», explica cuando relata que la actitud de los empleados, una vez que se conoció la cancelación del vuelo, no hacía más que «incentivar nuestra desesperación en vez de buscar alguna fórmula para calmarnos». Iberia no indemnizó a ninguno de los más de cien pasajeros que plantó el domingo poco después del mediodía en Alvedro. «Es que no fue overbooking , fue una cancelación en toda regla por causas técnicas, nadie tuvo la culpa», ironiza Alejandro.