La persistencia de los enfrentamientos internos y, especialmente, su difusión hacia el exterior preocupan profundamente a amplios sectores de la dirección y cuadros intermedios del Bloque. Siete meses después de su asamblea de A Coruña, convocada con un año de anticipación para hacer frente al descenso electoral, los nacionalistas no han conseguido desterrar su imagen de división interna ante las cada vez más cercanas elecciones del 25 de mayo. Dos días después de la Asamblea Nacional de A Coruña, fue el propio Beiras quien se saltó el pacto no escrito al atacar desde los micrófonos de la Radio Galega a su gran rival interno, Francisco Rodríguez, líder de la UPG. En julio, Encarna Otero renunció a volver a encabezar la lista municipal de Santiago ante el acoso de la UPG. En octubre, el debate del estado de la autonomía puso de manifiesto de nuevo la división. El discurso de Beiras, complaciente con Fraga, sentó muy mal a la UPG y sus aliados. En esos días, se conoció que Esquerda Nacionalista había sancionado a Beiras con un año de suspensión de militancia por desobediencia. El 18 de octubre, la dimisión de Fernández Leiceaga de la ejecutiva amplificó la crisis. Este concejal santiagués, de Unidade Galega, renunció por el excesivo peso de la UPG.