La localidad de Castelo, en Taboada (Lugo), inaugura mañana el monumento al «carballo dos cartos», protagonista de una de las leyendas más ancestrales de la comunidad
05 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando se alistó en el ejército vasco para defender la causa carlista, aquel soldado gallego sabía que nunca iba a volver a casa. Pero seguro que nunca pensó que iba dejar enterrada en una carballeira la intrahistoria de su pueblo. Consciente de su destino, el soldado escondió joyas y dinero en un carballo, marchó a la guerra y, cuando advirtió que su regreso era imposible, escribió a su mujer explicándole dónde podría encontrar la garantía de su sustento futuro. Ella era analfabeta, y entregó la carta a un vecino que, aprovechado, leyó lo que quiso y la convenció de que le vendiera aquella carballeira. Poco después, la gente del pueblo vio cómo el tipo se hacía rico, al tiempo que hacía periódicas excursiones al árbol. Cuentan los vecinos de Castelo, en Taboada (Lugo), que desde entonces y hasta que talaron el árbol era costumbre meter la mano en un hueco junto a las raíces con la esperanza de sacarla llena de monedas. Hoy, gracias a una iniciativa del editor Francisco Rodríguez Iglesias, esa historia ha cobrado vida. Castelo tiene una plaza presidida por el carballo dos cartos, el mismo al que se atribuye la leyenda, y que Rodríguez encontró, recién talado, en la casa de un carpintero. «Fue premonitorio», asegura el editor, mientras recuerda que fue sólo cuestión de días que el árbol y la leyenda que él escuchó junto a la lareira de su casa no acabaran aserrados. Gracias a eso, además, Ediciones Hércules ha convertido en su mayor éxito editorial el título Galicia de lenda, que recoge leyendas similares a aquella que durante generaciones se narró en Castelo. Ahora que dicen que Galicia se muere de vieja, que el invierno demográfico la acabará convirtiendo en un yermo desmemoriado y sin raíces, el carballo dos cartos se aparece como uno de los mejores símbolos del combate contra el olvido. Mañana a las siete de la tarde, antes de la Queima das Fachas que se celebra todos los años en el castro prerromano que hay en la localidad, Castelo meterá la mano en el árbol de su intrahistoria y la sacará repleta de recuerdos y esperanzas.