El único cinturón que amarra a la vida

José Manuel Pan
José Manuel Pan REDACCIÓN

GALICIA

XOSÉ CASTRO

Quince de los 31 conductores y ocupantes que murieron en accidentes el mes pasado en Galicia no usaban el dispositivo, obligatorio para todos los ocupantes

10 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

«Vi a mis compañeros tirados en la carretera. No podían estar vivos». Es el relato estremecedor de José Antonio. Sólo él salvó la vida en el grave accidente de la A-55. Sus cuatro amigos murieron. No llevaban el cinturón de seguridad. Él sí, y vive. Quedó clavado al asiento mientras el Citroën Xsara se movía, daba vueltas y se estrellaba de un lado a otro de la autopista. Este testimonio debería bastar para que jamás nadie se subiese a un coche sin perder dos segundos en ajustarse el cinturón. Dos segundos vitales que decidieron no invertir la mitad de los muertos en las carreteras gallegas. Y que podrían haberlos salvado. Así lo estima el jefe de Tráfico en A Coruña, Gonzalo Ocampo, impresionado todavía por ese siniestro, pero acostumbrado ya a que se repitan hechos similares con demasiada frecuencia. El mes pasado murieron 31 personas en accidentes en Galicia. Quince no llevaban el cinturón. Y podrían estar vivos. «Es un sistema de seguridad fundamental para preservar la vida en caso de accidente», asegura Ocampo antes de explicar que el uso del dispositivo es un objetivo prioritario de la Dirección General de Tráfico. Es un problema de educación, «desde la escuela», opina José Hermida, comandante del Sector de la Guardia Civil de Tráfico de Galicia. Cansado de ver cuerpos inertes en la carretera porque no llevaban el cinturón, Hermida suspende a los que salen a la carretera sin ponerse ese abrazo a la vida. «Hay tres choques en un accidente: la colisión, el golpeo del cuerpo en el interior del coche y el impacto de las vísceras dentro del propio cuerpo. Demasiado para jugarse la vida». Pero hay quien parece querer jugársela. «Hacíamos un control en una carretera -recuerda Hermida-. Una patrulla detuvo a un conductor detectado por el radar. No llevaba el cinturón. El agente lo denunció por exceso de velocidad y le advirtió respecto al cinturón. Unos kilómetros más adelante se salió de la carretera por exceso de velocidad y murió. Seguía sin el cinturón». La silla de ruedas «La mitad de los accidentados no morirían si lo llevasen puesto», afirma Antonio Rodríguez Sotillo, quien ve cada año a decenas de conductores obligados a cambiar el coche por la silla de ruedas. Sotillo dirige la unidad de lesionados medulares del Hospital Juan Canalejo, y es muy rotundo: «Discutir la seguridad del cinturón es de gilipollas e ignorantes. Es una barbaridad no llevarlo puesto, incluso en ciudad, porque protege totalmente la columna vertebral». Sotillo tendría la mitad de pacientes -más de cien casos al año- si usasen el cinturón, «un seguro contra la lesión medular». Desde 1998 murieron en las carreteras gallegas casi dos mil personas. Este año ya hubo más de doscientos cadáveres en la calzada. Y la mitad se habrían salvado. No usaban el cinturón. Decidieron no perder dos segundos de su vida.