El devorador de Vilalba

La Voz

GALICIA

Fraga, el político que siempre apostó por la existencia en España de una «mayoría natural» de centro-derecha capaz de superar a los socialistas, se fue de Madrid sin conseguir un objetivo que tuvo su más acabada concreción en las últimas generales con la mayoría absoluta de Aznar. Pero en Galicia sí logró desde su llegada en 1989 ocupar ese espacio, fagocitando a los grupos centristas y galleguistas que lo habitaban desde la desaparición de UCD. La verdadera opa de Fraga al nacionalismo moderado fue la electoral, al hacerse en 1989 con el dominio de ese espacio en las urnas con un discurso marcadamente autonomista. De hecho, muchas de las propuestas que en los últimos tiempos causaron sorpresa en Madrid por sus tintes anticentralistas proceden de esa época. Esa opa electoral a CG, que cayó de once a dos diputados, tenía al ourensano Victorino Núñez como ariete, especialmente tras el fracaso de su aventura al margen del PP en las municipales de 1991, con la CNG. Tras ese mal trago, en septiembre de ese año disolvió su partido, Centristas de Galicia, para integrarlo en el PP, operación similar, pero con un tamaño electoral muy superior, a la que efectúa ahora la Democracia Galega de Enrique Marfany. Hubo otro movimiento de crucial importancia, la captación en masa de alcaldes de pequeños municipios de Lugo y Ourense, cautivados por el entonces secretario general del PP gallego, Xosé Cuíña. Algunos dirigentes coagas , como Santos Oujo y Celestino Torres, pasaron por el PSOE. Incluso Rodríguez Peña sigue de diputado del BNG, pero su espacio electoral y su poder municipal hace ya mucho tiempo que ingresaron en la órbita popular.