El acusado de matar a un joven en un pub coruñés dice que lo hizo para salvar su vida
GALICIA
El procesado clavó una navaja a la víctima, después de que ésta disparara e hiriese a sus amigos Una partida a los dados fue el detonante de la pelea que acabó con la vida de un conocido y temido delincuente coruñés apodado el Pingüino, la noche del 22 de febrero de 2001. Un dado se fue al suelo y la víctima culpó a tres hombres de que lo habían escondido. Volaron sillas y se cruzaron insultos. La cosa se calentó y el Pingüino sacó una pistola, que disparó contra dos de ellos. Quedaba uno ileso, que zanjó la riña con una cuchillada en el cuello. Quien lo mató se llama Miguel Monteiro y dice haberlo hecho en legítima defensa. El fiscal no lo cree, por lo que pide para él una pena de doce años de cárcel.
25 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.«Nos pones unas copas o te reventamos el negocio». Así de cordiales se presentaron a las tres de la madrugada del 22 de febrero de 2001 el Pingüino y el Globero en un pub de la ronda de Outeiro, en A Coruña. Los dos individuos tenían una noche calentita. Minutos antes ya la habían montado en otro establecimiento de la misma calle. La pareja pidió por las malas un par de Carolans y un cubilete. Jugaron. Hasta que un dado se fue al suelo y rodó bajo la mesa en la que contaban chistes tres individuos de raza gitana. Enrique Amado, el Pingüino, les dijo que le devolvieran el dado y se agachó a buscarlo. Según su compinche, «uno de los presentes lo cogió del cuello. Enrique lo apartó y le dijo que si tú tienes cojones, yo tengo más». Y se montó el rifirrafe. Enrique Amado llegó a coger por la cabeza a uno de los contrincantes y se la estampó contra la barra del bar, luego sacó una pistola y la disparó. Una bala se alojó en la boca de A. B. B. y otra en el hombro de M. B. C. El primero cayó al suelo y ayer dijo en la Audiencia Provincial de A Coruña que ya no vio nada más. El segundo apuntó que tras ir al baño a «tirarse una raya» se encontró con el espectáculo y se escondió. El Globero, en cambio, asegura que el acusado se escurrió con sigilo hasta ganarle la espalda a su amigo y le clavó una navaja. El procesado dice que lo hizo sin darse cuenta, en defensa propia.