FÚTBOL / PONTEVEDRA Sin esperarlo, ayer, el día de la fiesta del trabajador, la plantilla del Pontevedra tuvo sesión doble de entrenamiento. La matinal la dirigió el preparador físico Sergio Martín; de la vespertina ya se encargó Milucho.
01 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Nada más ser presentado como nuevo entrenador del equipo, el técnico vigués se enfundó la ropa de trabajo y en Pasarón ya se empezaron a oír sus gritos. Su forma de dirigir no tiene nada que ver con la de Raúl González. Frente a templanza y mesura del asturiano, el vigués es impetuoso, directo... en una palabra, mucho más visceral. Lo que no cambia nada entre ambos es su entrega y dedicación a los colores que defienden. A Milucho Nino Mirón lo calificó como el Luis Molowny del Pontevedra, siempre dispuesto a echar una mano al Pontevedra cuando se le llama. Al parecer, según informó el dirigente y confirmó el técnico, la llamada se produjo ayer, alrededor de las tres de la tarde. «Vengo con las manos manchadas ya que estaba en casa embotellando vino tinto», señaló el nuevo entrenador. La sinceridad sigue siendo su bandera. No entiende cómo hace nueve meses no servía para ser el entrenador del Pontevedra y ahora le han vuelto a llamar para afrontar el reto más importante del club en las últimas décadas. Una vez más no ha puesto condiciones previas a su fichaje. «En el momento que Nino me ha llamado he dicho sí a secas, sin negociar nada, y vuelvo con la misma ilusión del año pasado». A buen seguro, para algunos jugadores se acabaron los entrenamientos aburridos.