LOIS BLANCO LÍNEAS SECUNDARIAS
26 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Veinte guardaespaldas con los bíceps de Bruce Lee saludaban a la puerta de la finca amurallada. Al entrar en el inmueble, los invitados tenían que esquivar una piscina de metacrilato. Alcanzado el salón, lo que había que driblar era a los mariachis que cantaban: «El día en que a mí me maten, que sea de siete balasos...». La última gira de Fraga por México concluyó con una cena organizada y pagada por Mario Vázquez Raña en su búnker. Los invitados eran doscientos cincuenta. Los vinos, de Burdeos y del Rhin. Los hermanos Mario y Olegario encarnan la opulencia de la emigración. Pero ellos y otros contados miles de gallegos, incluido el vecino de Avión asesinado esta semana en Tlalnepantla y enterrado en el maletero de su Audi A-6 blindado, suponen una excepción en la suerte que ha corrido la comunidad emigrante. De los cientos de miles de almas que abandonaron el país en busca de fortuna, pocos la encontraron. Fueron las circunstancias de la Galicia del pasado las que les empujaron a subir al barco, y es hora de que la Galicia del presente les tienda la mano. Esta vez para recibirlos, en vez de empujarlos. La Fundación que hoy se constituye en Santiago es un prometedor comienzo para saldar deudas con la mayoría emigrante que sólo conoció por televisión bíceps como los de Bruce Lee y los vinos de Burdeos.