Ulises y el chiste del «rápido» a Irún

GALICIA

XURXO LOBATO

Odisea desde la estación de Santiago

31 mar 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

O tomamos como una odisea, como la del viaje de Ulises. En la estación de Santiago son algo más discretos. Se avisa por megafonía que llega el «diurno destino Irún». Cuando Enrique llegue a casa será de noche. Él va hasta el final. Sin trasbordos son unas doce horas. Toda una prueba para los nervios y hay que demostrar que se tiene buen temple. Otros nos quedamos antes, en León, por ejemplo. Desde Compostela nos lleva medio día ir y volver. En coche, la mitad. Aquí no hay atascos, pero el ferrocarril se ahoga en interminables recorridos y paradas que se prolongan hasta la propia vergüenza ajena. No sabes de qué hablar con el vecino. Y acabamos de subir. Lo más socorrido es charlar precisamente, de lo que tarda el tren en llegar a nuestro destino. Sólo se le hace corto para los que se quedan en Ourense. Apenas han pasado dos horas cuando llegamos a aquella ciudad. Bajan unos pocos. «En lo que tardo yo en llegar a casa otros atraviesan medio planeta en avión», espeta Tomás. Va a Zaragoza. Lo suyo tiene mérito añadido: hace transbordo en Miranda. Enrique, Sergio y otros más se van hasta San Sebastián. «Lo bueno de estos trayectos es que luego te conoces la geografía del norte de memoria», comenta el segundo. Su viaje en tren les sale «bastante más barato que en bus». Es la compensación. Pero les lleva el doble. Deserciones Algunos de sus amigos han empezado a desertar, «pero nosotros no teníamos sitio en el bus». Viajan y parece que se llevaran media vida. Las provisiones para doce horas ocupan todo un asiento. En Monforte nos hacen esperar más de media hora. «Están cambiando la máquina», comenta un operario. En Ourense el argumento fue similar: «Esperamos al de Vigo para enlazar y cambiar». Tomás se ha bajado buena parte de sus provisiones aguardando. Es mediodía. Aún estamos empezando a salir de Galicia y parece que fue ayer cuando iniciamos el viaje. Para una novela, vamos. Cambiaron la máquina por una patata. ¿Me lanzo? Cuando llegamos a casa, a las tres, pensamos: aún nos queda la vuelta.