La vida al margen de la carretera

M. C. A CORUÑA

GALICIA

PRADERO

Las villas de Becerreá, As Nogais y Pedrafita quedan aisladas tras la apertura del último tramo gallego de la autovía del Noroeste

11 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Los habitantes de Vega de Valcarce comenzarán una nueva vida a partir de agosto. El verano pasado fueron los de Becerreá, As Nogais y Pedrafita los que empezaron a experimentar los cambios que supone que la N-VI pase a ser una carretera secundaria. Ellos vivían prendidos al asfalto y a la ganadería. Desde el 30 de julio, fecha en la que Galicia estrenó totalmente la Autovía del Noroeste, a los vecinos de Becerreá, As Nogais y Pedrafita les quedan las vacas y el turismo rural. La A-6 les acercó Lugo y Madrid, pero también los transformó en unas de aquellas villas del oeste por las que sólo pasaba John Wayne. La falta de industrias empuja a los jóvenes a emigrar y a los que se quedan -el 30% de la población de estos municipios está jubilada y más de la mitad supera los cincuenta años- les cuesta acostumbrarse al nuevo ritmo de vida. Una dura batalla El sonido de las máquinas que levantan las aceras sustituye ahora en Becerreá al de las excavadoras que desde 1997, fecha en la que comenzó a construirse el tramo de Pedrafita de la A-6, lidiaban con la montaña. La batalla con las rocas fue dura y, mientras los obreros fijaron su residencia en la villa, Becerreá vivió unos años de bonanza económica. El espejismo se rompió en julio, cuando se fueron los operarios y los coches dejaron de castigar el asfalto de la N-VI. En cuatro meses, el sector de la hostelería ha visto descender sus ingresos en un 40%. A corto plazo, los bares y cafeterías son los más perjudicados. El resto de establecimientos se mantienen con los ingresos que les dejan los habitantes de la comarca. Becerreá mantiene el instituto de Secundaria, los juzgados y el centro de salud. Eso le servirá para ir tirando, pero las tendencias demográficas avanzan que ese espejismo podría romperse dentro de una generación. La media de edad de los habitantes de la comarca ronda los cincuenta años y cada vez son menos los jóvenes que se quedan. Algo similiar sucede en As Nogais o en Pedrafita. Pero en el primero han comenzado a dar un giro a su economía embarcándose en la aventura del turismo rural. En los últimos años, se han reconvertido ocho casas que se suman a los cuatro albergues, dos hostales y un hotel abiertos en el municipio. Pedrafita también se resiente. El 2000 y el 2001 no han sido buenos años para la ganadería, base económica del municipio, y la autovía se llevó a los que paraban a tomarse un café.