Lugo está que trina

La Voz

GALICIA

MONTSE CARNEIRO ECHE O QUE HAI Los estorninos vuelven a la ciudad después de que una firma lograse reducirlos de 250.000 a 150 ejemplares

07 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Han vuelto los estorninos. Lugo está que trina. Ya circulan fotos del regreso, pero en ninguna sale Tippi Hedren. Bien podría. Se estremecen los vecinos al levantar la vista hacia la línea de los tejados, cuajada de oscuros visitantes. Otros disfrutan de sus piruetas aéreas y su vuelo en bandada de punta de flecha. Pero los más sólo maldicen la llegada de los grandes defecadores. No puede ser. O ellos o nosotros. Se contaron 250.000 en Lugo. Llamó el alcalde a una empresa para que los ahuyentara con sonidos y casi lo consigue: quedaron 150. Pero ahora vuelven. La empresa avisa: si los estorninos se empeñan, no cobraremos un duro. El desenlace parece cantado. MÓNICA CAZADORA. Y porque no se acaba con los estorninos a tiros, que si fuese así Mónica Paleo podría hacer algo. Esta joven de Alfoz, hija de cazador y tan apasionada como su padre por el rastreo y los sabuesos, acaba de estrenar escopeta, una Franchi automática de cinco tiros. Sandiós. El monte tira mucho: «Chego da movida ás catro da mañá e ás sete levántome para ir ao monte». Toma nota, Del Castillo. LOS RUMANOS SE VAN DE NARÓN. Los naroneses se quedan tranquilos. Todo empezó el pasado agosto con la llegada de varias familias. En principio bien, hospitalidad, tolerancia y tal. Pero a los nativos no les gusta que vivan quince personas en un piso, ni que se monten campamentos en la calle, ni que se orine en las aceras, una práctica aceptable pero siempre que los machotes sean españoles, que para eso juegan en casa. En fin, que los rumanos piraron a recoger naranjas a Valencia y los de Narón hacen zumos para celebrarlo. LA CRUCIFIXIÓN DEL PADRE SILVA. Disgustados están en Benposta con la decisión del obispo de Ourense de cargarse un mural sobre la Crucifixión pintado por el padre Silva en el palacio episcopal, ahora en obras. «Una dolorosa decisión», lamentan los vicarios. «Una destrucción blasfema y sacrílega», responde el cura artista. Silva defiende el «valor crematístico» de su obra y asegura que él mismo pagaría los 1.200 euros que costaba trasladar el mural. Pero nada. Ahora sólo queda preparar un encuentro con periodistas. En eso está.