PONTEVEDRA
27 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Llegó como hombre de consenso para relevar a Cuíña al frente del PP de Pontevedra y, dos años después, se dispone a revalidar el cargo sin decir una palabra más alta que otra. La trayectoria de Rafael Louzán prueba que, a falta de experiencia en la brega política, la prudencia es la mejor credencial. A ella apela ante la celebración, el 14 de abril, del congreso provincial. Un cónclave que Louzán afronta con el camino despejado por el que avanza sin cambiar el paso marcado por el aparato regional del partido para que ningún candidato se mueva en las provincias hasta que finalice el congreso regional. Louzán tiene los cabos atados, pero esperará el momento oportuno para oficializar su candidatura y evitar el malestar suscitado en la Nécora por la precipitación de Couceiro. Este funcionario de la administración local en excedencia cuenta con la base de su equipo para mantener el liderazgo en la sede de la rúa de Reina Victoria. Un equipo en el que figura como secretario general José Enrique Sotelo, alcalde de Cangas. Louzán, que ya pactó con el hombre de confianza de Cuíña el reparto de poder en la antesala del anterior cónclave provincial, conserva a su número dos. El ex-diputado es una garantía para la candidatura del de Ribadumia, como llave para los apoyos de los alcaldes. Atrás parecen quedar las dudas de los últimos meses entre sectores próximos a Abeledo. El presidente de la Diputación permanece al margen y respeta el consenso del PP pontevedrés, que ha superado las disputas que dividieron a cuiñistas y marianistas. Louzán representa el valor de la prudencia. Esa virtud, y el apoyo de la dirección regional, le permitieron en mayo salir airoso de su supuesta implicación en uno de los negocios de Nené Barral, ex-alcalde de Ribadumia y su mentor político, que fue expulsado del partido por contrabando.