Los efectos negativos del amor a la terriña

La Voz

GALICIA

Los arquitectos señalan que la memoria histórica, el carácter y la cultura gallega han influido en el deterioro de los cascos viejos

19 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

ON chefs del urbanismo, y se retuercen en sus sillas cuando recuerdan algunas de las aberraciones que se han cometido en los últimos años en Galicia. Los arquitectos Rafael Baltar, Alberto Unsáin y Pedro de Llano son claros e incluso, en ocasiones, benévolos con algunos excesos de la construcción gallega. De hecho, los tres coinciden en no echar balones fuera, y sitúan la raíz del feísmo urbanístico y del deterioro de los cascos históricos en la propia cultura de los gallegos. ¿Por qué Galicia está en el furgón de cola de España y de Europa respecto a la rehabilitación? Durante toda la dictadura, España se separó del resto de Europa, en donde comenzaron a hacerse grandes esfuerzos de rehabilitación y conservación de edificios y zonas históricas. En Galicia, sólo las comisiones de Bellas Artes hicieron trabajos de este tipo. La cultura afincada en la comunidad, señala de Llano, se limitaba a intentar acumular capital. Por su parte, Alberto Unsáin, presidente de la delegación del Colegio de Arquitectos en A Coruña, coincide en esta distancia con el resto de países, mientras Rafael Baltar reconoce que se ha recuperado la sensibilidad tras años de barbaridades. Amsterdam, en Holanda, por ejemplo, es un ejemplo de cómo se lleva a cabo un buen trabajo de rehabilitación. ¿A qué se debe el despoblamiento de los viejos barrios? Los tres arquitectos aseguran que existen numerosas razones para explicar la escasez de habitantes en los cascos antiguos. Hay un abandono de los antiguos pobladores, pero también es cierto que la gente joven quiere instalarse en estas zonas, y, si no lo hace, es por falta de medios económicos. Alberto Unsáin señala que en ciudades como A Coruña la existencia de zonas muy atractivas en los alrededores y la ausencia de burguesía -que es la que se instala en el centro- provocaron que barrios como El Parrote o Pescadería presenten niveles de despoblamiento muy altos. ¿Qué pautas debe seguir un plan de rehabilitación? Hay un factor esencial: la rehabilitación integral. Y es que no se trata sólo de conservar la arquitectura existente, sino a los habitantes, destaca Rafael Baltar, con amplia experiencia en rehabilitación y para quien el problema de la terciarización -locales que se dedican a oficinas y otros usos-, influye en el abandono. Las políticas deben tender a una integración entre el ciudadano y su entorno. «Non se trata de lavarlle a cara ás fachadas», señala de Llano, «senón de dar un novo uso ás casas». Además, los cascos históricos son espacios vivos, que deben renovarse. «La arquitectura contemporánea puede entrar a formar parte de los cascos antiguos si se hace con sensibilidad», añade Baltar. ¿Influye la dificultad de introducir servicios en estas zonas? Fundamentalmente no. Y es que los habitantes dispuestos a ubicarse en los cascos históricos asumen de antemano las incomodidades que pueda suponer instalarse a vivir en ellos por la falta de algunos servcios. Una política adecuada de aparcamientos perimetrales es, a juicio de los técnicos, suficiente. Además, inconvenientes como la ausencia de transporte público se suplen con ventajas como la proximidad con el entorno e incluso con la no presencia de vehículos y de las molestias derivadas del tráfico. ¿Son suficientes las inversiones destinadas a rehabilitación? «Faría falta moitísimo máis, pese a que hai exemplos de esforzo importante, como os casos de Allariz ou Santiago», señala Pedro de Llano. Eso sí, la culpa no es achacable solamente a la ausencia de voluntad política rehabilitadora. Alberto Unsáin es claro en este sentido: los planeamientos que llevan a cabo los concellos ponen la base, «son normas de conducta», afirma Unsáin. A partir de ahí, es necesario la implicación de los responsables políticos y la inversión económica, pero hay que empezar por los propios ciudadanos. Son ellos, a juicio de los arquitectos, los que deben exigir cambios, «ya que el político interpreta lo que quieren los ciudadanos», apuntan. Rafael Baltar añade el problema de la emigración, que hace que los habitantes quieran borrar el patrimonio histórico heredado. «En algunos casos los emigrantes, a su vuelta, han despreciado lo antiguo, porque les recordaba al hambre y al frío de otras épocas», asegura el arquitecto. De cara a una remodelación de las ciudades gallegos, los tres expertos realizan una apuesta decidida por las oficinas de rehabilitación.