Juan Carlos I concede a José Luis Bastos, un gallego nacionalizado namibio, la medalla de la Encomienda de Isabel la Católica Cuando los indígenas Namas le otorgaron el título de Caballo Blanco del Desierto, José Luis Bastos ya era una leyenda en Namibia. Y no sólo por su estrecha amistad con el presidente del país, Sam Noujoma, sino porque su vida, que se inició en Bouzas -parroquia de Vigo- hace más de sesenta años, parece sacada de una novela de aventuras del siglo pasado. Llegó a África de casualidad y acabó construyendo un imperio, y tanto dice amar las tierras en las que descansan los antepasados de los Namas que acabó por nacionalizarse namibio. Ahora, el Rey español le ha concedido la medalla de la Encomienda de Isabel la Católica.
08 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Cuando llegó a Namibia hace 35 años, José Luis Bastos quizá pensó que no iba a permanecer en el país más tiempo que el estrictamente necesario para hacerse cargo de los negocios de su hermano, que había fallecido en accidente de tráfico. Hoy, asegura que no piensa volver a España. Bastos, gallego de Bouzas, emigró muy joven a Inglaterra y estudió hostelería en Suiza. Allí conoció a su mujer, la austriaca Gerda Eimer, Kuki. A sus 27 años, Bastos era director de un hotel en Las Palmas, pero los cuatro años que tuvo que quedarse en Namibia gestionando los negocios de su hermano y esperando a la descongelación de los fondos que éste había dejado en varias entidades bancarias, cambiaron por completo su vida. Aprendió inglés, francés y alemán, comenzó a comprar tierras en el desierto del Namib y las fue repoblando con ejemplares típicos de la fauna africana, invirtió en la pesca... «No me regalaron nada», le dijo hace poco al fotoperiodista Delmi Álvarez, quien le visitó en su finca de Khomas, a 140 kilómetros de Walbis Bay, una ciudad namibia que acoge a uno de los más importantes colectivos de gallegos emigrados a África. Tampoco es un regalo la medalla que le ha concedido el rey de España, y que le fue impuesta en un solemne acto celebrado el pasado 12 de octubre en la embajada española en Windhoek, la capital, y al que asistieron varios ministros del Gobierno de Sam Noujoma. Precisamente, fue un 12 de octubre cuando Bastos conoció al hoy presidente namibio -por entonces no lo era todavía-, con quien suele salir de caza, a quien aloja frecuentemente en Khomas y con quien, el mismo día de la entrega de la medalla, se reunió para celebrarlo con un almuerzo a base de churrasco. Retranca Dice Delmi Álvarez que la personalidad de Bastos mezcla la del gallego retranqueiro y la del europeo de casta. Tal vez por eso los Namas decidieron proclamar guardián de las tumbas de sus reyes y antepasados al caballo blanco del Namib, el desierto más antiguo del mundo. De hecho, él ha dejado escrito que quiere que le entierren junto a un pequeño túmulo en los límites de Khomas, y ya ha elegido un sencillo epitafio: «Aquí descansa un gallego que amó estas tierras».