Moncho es... un poco menos

José Manuel Pan
J. M. PAN A CORUÑA

GALICIA

ESTUDIOS BLANCO

El alcalde de Sada pierde su primera votación desde 1979 por desavenencias con una concejala de su grupo

01 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

«Es una situación incómoda», admite Ramón Rodríguez Ares, Moncho, uno de los alcaldes más veteranos de Galicia. Se enfrenta a una situación delicada desde que el jueves su concejala de Educación votó contra su propio grupo. Fue la escenificación de las desavenencias con la edil, que se siente presionada, sobre todo desde que vio una pintada insultante en su despacho. Moncho es mucho, último eslogan del alcalde, fue el jueves un poco menos. No ofreció su mejor cara el popular cuando vio a su concejala levantar la mano al ritmo de la oposición. «Estoy disgustado pero no preocupado», dice. Quienes lo conocen no le creen. Saben que pasó un mal, y para él desconocido, trago. Nadie se había atrevido a tal desafío desde que estrenó el traje de alcalde en 1979. Ese año, esa época, era difícil. Moncho aún no era mucho, no pesaba como hoy sobre sus concejales, y expulsó de su grupo (AP) a cuatro compañeros por romper la disciplina de voto. Como la rompió Elena Ramallo, la edil más joven, a la que encomendó la cartera de Educación; la misma que, curiosidades del destino, presidió su sexta toma de posesión como alcalde. Esa concejala hace ahora historia en el pleno, aunque, aclara ella, sigue siendo fiel al PP y votó en contra (el BNG pedía una auditoría de las cuentas) porque lo aconsejaba el informe del interventor. Ramallo asegura que en su decisión no influyó que el día anterior hubiese descubierto en la puerta de su despacho una pintada a rotulador con la palabra puta, el colofón a una serie de presiones que viene sufriendo. Otros creen que su indisciplina sólo era cuestión de tiempo, que hace mucho vive una situación delicada en el concello y que su reacción se esperaba. Los que piensan eso son los que la ven calculadora y ambiciosa, los que creen que ella se dirigió semanas antes de las autonómicas a los grupos de la oposición para preparar una moción de censura que derribaría el casi eterno gobierno del PP y mandaría a Moncho a la oposición; los que ven que su malestar se inició el día que quiso ser diputada sin contar con Moncho, cuando se saltó el conducto reglamentario y pidió a Fraga su inclusión en la lista. Elena no está sola. Sus defensores ven en ella la renovación frente a un alcalde demasiado veterano. Dicen que recibe llamadas anónimas, que la insultan y que ni la casa consistorial es segura. La concejala ha jugado sus cartas y Moncho no ve problemas. Paciente y curtido, espera. Pronto habrá que aprobar un euromillonario plan general, y sabe que su grupo debe tener una sola mano.