CRISTINA HUETE CRÓNICA La Guardia Civil rastreó ayer los pueblos límitrofes al suyo, en Barbadás, sin encontrar pistas
18 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.A búsqueda de la niña de 13 años desaparecida el martes en Ourense, que no regresó a su casa de Sobrado do Bispo, en Barbadás, tras salir del instituo Ferro Couselo de la ciudad, está en punto muerto. Los padres de Aida Domínguez se aferrarían a la mínima esperanza, si la tuvieran. Pero ni Guardia Civil ni Policía les han ofrecido pista alguna que indique hacia dónde ha podido dirigirse. La fuerzas de seguridad rastreaban ayer los pueblos límitrofes al de su localidad, en las inmediaciones de la ciudad. Una búsqueda no basada en indicio alguno: «Buscan por buscar», dice su madre con el rastro de entereza que le dejan los cinco días de silencio. En realidad, el silencio es aplastante. Silencio de las amigas de la pequeña: «Están muy nerviosas y dicen que no saben nada de nada; no saben siquiera si tenía algún amigo especial, ni si estaba triste». Silencio en la figura de un profesor particular de música que no ha dado señales de vida pese a que la investigación le ha seguido el rastro, infructosamente, hasta Burgos, porque parece que habría viajado hasta allí y Aida sentía admiración por él. Pero el profesor de música no se ha puesto en contacto con la familia de la niña ni con la suya propia, que desconoce su paradero: «Viaja mucho, y es frecuente en él estar días sin llamar». Y silencio, en fin, en las fuentes de la investigación. «No saben nada -argumenta otra vez la madre- porque quedaron en informarnos de cualquier pista que tuvieran y no nos llaman». Los padres de Aida tiene la casa llena de gente que no disipan el miedo a la tragedia. «Yo ya no descarto nada», solloza su madre. «Son ya muchos días sin mi niña», una pequeña morena, de ojos verdes y tímida. Sus familiares atribuyen a su carácter reservado, y a la dificultad de la adolescencia, el que sus amigas no puedan aportar ninguna luz sobre su paradero. Las fuentes de la investigación insisten en que todo apunta a una huida voluntaria y no forzada. Aida salió del colegio el martes y en lugar de regresar a casa dijo que iría a comer a la de sus abuelos, en la ciudad. No llegó. La madre repite: «Yo intento ponerme en lo mejor, es una niña muy seria». Pero anoche sucumbía: «No llamó nadie en todo el día, ni siquiera equivocadamente, para decir que la vieron».