MIGUEL ÁNGEL SOTO OPINIÓN
09 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La sentencia del juzgado de Vilagarcía es digna de ser difundida entre la ciudadanía y estudiada en los centros de enseñanza. Pero casi tan interesante es el proceso que se está produciendo en la mentalidad del sector importador y transformador de madera tropical en Galicia. Hasta hoy, la realidad del sector no se caracterizaba por buscar sus proveedores entre las empresas que se están esforzando por alcanzar estándares de gestión sostenible a través de la certificación forestal. Hace unos días, el Puerto de Marín fue escenario de una acción similar, esta vez para denunciar la situación de la Amazonia. Para avanzar hacia una solidaridad globalizada, que frene la deforestación que destruye el planeta, la sociedad necesita otro tipo de empresario y de consumidor. Nuestro país, no Greenpeace, demanda una nueva generación que cree riqueza a la vez que defiende los valores sociales y ambientales. Capaz de cancelar contratos con las empresas señaladas por Camerún o Brasil por su pésima gestión forestal.