Irureta no logró su objetivo de aparcar a un lado la Liga de Campeones. Había ordenado a sus jugadores que debían centrarse «sólo en la Liga». Pero no le hicieron caso. Salieron al campo, vieron a un rival rojo como el Manchester y les salió un partido «Champions».
05 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Con remontada incluida. Porque Riazor empieza a reírse del refrán que garantiza que dar primero es dar dos veces. En A Coruña, el destino está escrito por las botas de Tristán. Osasuna celebró el 0-1 más temprano que la temporada pasada. Aloisi, un australiano infiltrado en el fútbol español, trianguló con Gancedo, miró a Helder a la espalda y batió a Molina. La defensa coruñesa se reunía para debatir la jugada y hacer propósito de enmienda. La presión al hombre de los pamplonicas se hizo más pegajosa. Duscher movía bien el balón, pero éste se moría en la frontal del área de Unzúe, demasiado poblada para hacer fútbol del bueno. Así, el Dépor tuvo que improvisar con los balones robados en el centro del campo y sorprender a la defensa de Lotina. Valerón fue el más listo. Conectó con Tristán en diagonal, el sevillano dejó sentado a Contreras y convirtió las piernas de Unzue en un arco del triunfo hacia el gol. Aloisi se dio cuenta entonces que su 0-1 sólo había servido para despertar al Deportivo de las citas continentales. Su temor se confirmó ocho minutos más tarde. Víctor, que corría por la banda con una extensión en su brazo llamada Yanguas, consiguió centrar buscando a Tristán, quien despejó todas las dudas sobre el futuro de los tres puntos. El espíritu de Old Trafford no se difuminó hasta el descanso. Iván Rosado salió de su escondite en la banda e intentó apoyar a Aloisi con más descaro. No era el día para defender, condición que beneficiaba claramente al Deportivo. Tristán, que corría ayer como un niño hiperactivo en busca del gol, forzó una falta al borde del área. Donato batió a Unzue y Riazor se rindió al abuelo. No se pidió su renovación. O porque aún es pronto o porque ya se da por hecho. Un minuto más tarde, cuatro pases entre Valerón, Víctor, Tristán y Amavisca, bastaban para hacer el gol número cuatro, obra del cántabro. Y posteriormente, Víctor estuvo a punto de lograr el sonrojante tanto que Tristán había firmado en Manchester desde fuera del área. Era la prueba palpable de que ayer debería haber sonado el himno de la Liga de Campeones con una tela gris gigante ondeando en el centro. Makaay entrenó su esprint en la segunda mitad. Un pase de Sergio le ayudó a reencontrarse con el gol y hacer el quinto. También jugaron Djalma y Mauro. Pero aquello ya no era un partido. Era una fiesta en la que Osasuna respondía con buenas ocasiones a un equipo que es cada vez más líder, con dos puntos sobre Valencia, cuatro sobre Barça y siete sobre el Madrid. Al abandonar Riazor, los coruñeses dudaban de que a las ocho comenzase el partido del siglo.