El Celta se aferra a la cabeza tras derrotar al líder

JUAN VILLAR VIGO

GALICIA

ÓSCAR VÁZQUEZ

CELTA

14 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El Celta volvió a convertirse ayer en un matalíderes al vencer (3-1) el Betis, que llegaba en su condición de primero en la clasificación. Los verdiblancos le otorgan el testigo al Deportivo y los célticos se aferran a la cabeza de la Liga con una victoria que le sitúa a un punto de los coruñeses. El poder gallego vuelve a tomar el fútbol español. El conjunto de Víctor Fernández acabó con la racha de empates de las últimas jornadas y ayer se mostró como un equipo muy sólido tanto en ataque como en defensa. El síndrome Boban, si llegó a surgir en algún momento, fue contrarrestado por el efecto Gustavo López, que ayer reapareció y lo hizo contra pronóstico en el equipo inicial. El argentino completó con Karpin y Mostovoi la tripleta de los momentos mágicos del Celta. Tras unos instantes dubitativos, a los trece minutos se produjo la jugada del primer gol, en un lanzamiento a balón parado que Mostovoi tocó para que Gustavo López, de un zurdazo, sorprendiese a Toni Prats. Nuevamente el hombre de la noche, Gustavo López, adquirió protagonismo para crear el segundo gol: con un par de regates marca de la casa se deshizo de Varela y Belenguer, y envió un excelente centro a Catanha, quien definió con precisión. Posesión celeste Solamente había transcurrido media hora y el Betis, equipo revelación de la temporada, no enseñaba sus dientes. Velasco tapó perfectamente a Denilson y Joaquín no mostró el arte que sin duda tiene. La posesión del balón era celeste. A pesar de la diferencia en el marcador, el Celta no bajó los brazos y no permitió nunca que los verdiblancos se metiesen en el partido. La ventaja pudo incrementarse en un par de ocasiones desaprovechadas por los locales. El encuentro estaba tan encarrilado que Víctor Fernández se permitió retirar a Luccin y al héroe de la noche, Gustavo López, sin descomponer el equipo. Doriva debutó en la Liga. El partido avanzó sin mayores contratiempos hasta los minutos finales, en los que Mostovoi sentenció al transformar un penalti cometido por Prats sobre él mismo, y Calado puso la guinda marcando el tanto del honor, con un disparo desde unos treinta y cinco metros que sorprendió a Cavallero.