Le pegó con tal mala leche que ni el beso del poste apaciguó el leñazo de Fran. Sólo el gol era premio suficiente para el camibio de orientación de Donato y el sensacional primer toque de Romero, medio tanto. Pero ¿qúe otro galardón podría tener la triangulación entre Héctor, Valerón y Víctor? La avería en el eje de la defensa blaugrana, de escándalo.
07 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Fran, sensacional, volvió a acertar con la portería, pero el partido tuvo otro nombre propio, Juan Carlos Valerón, quien no paró hasta que pudo dedicar un triunfo a su íntimo amigo Manuel Pablo. El canario tomó la medida al partido desde el primer minuto. Enseguida comprendió los espacios que Xavi y el holandés Cocu dejaban a sus espaldas y explotó esa libertad de movimientos para llegar con mucha claridad al ataque. Eso no le impidió orquestar el fútbol de ataque del Deportivo, ni tampoco incrustarse junto a Duscher y Sergio para dar todo un recital de cómo desequilibrar al rival. Una vez más, sensacional el centrocampista grancanario. Pero, una vez más, un primer tiempo de posesión de balón y control del partido para el Deportivo se topó con la inconcreción en el remate. Esto somete al equipo a la tiranía de sus propios errores. Ni Diego Tristán ni Makaay, que tuvieron buenas ocasiones por alto, supieron concretar. Y lo que es peor, la pólvora mojada dio vida al rival en el contraataque. Las permutas entre Luis Enrique y Alfonso, y la presencia constante de Kluivert junto a los pivotes barcelonistas descentró por momentos al centro del campo coruñés. En una de esas jugadas encontró Luis Enrique -el más activo de los catalanes- la senda para habilitar a Kluivert, y la indecisión en la marca castigó a los blanquiazules con el gol. El panorama en el descanso, el habitual últimamente. Por enésima vez, contra corriente. Y por si no fueran suficientes las bajas de Mauro Silva y Manuel Pablo, un mal gesto en un remate lejano noqueaba también a Makaay. Pero cuando el Dépor adelantó sus líneas, toma el mando con decisión y pone a tocar a sus piezas más talentosas no hay equipo que se le resista en Riazor. En esa propuesta futbolística, los rivales reculan y capean como pueden el temporal. El ciclón coruñés no entiende de lesionados. Y con el 2-1, Émerson por Valerón y Pandiani por Tristán. El repliegue, eficaz a tenor del resultado, discutible por el riesgo que entraña contener a un Barcelona volcado.