El poder del cemento

SERAFÍN LORENZO SANTIAGO

GALICIA

Xosé Cuiña es el conselleiro más veterano de Manuel Fraga y la figura clave en el proyecto de modernización ferroviaria Corrían los albores de la tercera legislatura de la era Fraga y el entonces secretario general de los populares gallegos atinaba con la definición: «O PP é máis duro có granito do Porriño». Xosé Cuiña hablaba de cohesión interna, pero describía también ese pétreo campo plagado de minas que es la política. Zancadillas que el intuitivo Cuiña, quien aún hoy presume de ser «fillo de muiñeiro», aprendió a sortear provisto de olfato, perseverancia y toneladas del cemento necesario para vertebrar Galicia y hacer sus amistades. Un alambre que une fidelidades y peligros sobre el que el titular de Política Territorial avanza al rebufo del patrón.

23 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Ningún otro político gallego representa con tanta fidelidad como Xosé Cuiña ese perfil de hombre hecho a sí mismo que puntúa doble en Norteamérica. Sus raíces modestas, su sagacidad y arrojo le hubieran facilitado una carrera meteórica en tierras del Tío Sam. Quién sabe si incluso un par de telefilmes. Pero el oeste gallego es otro. Cuiña despierta filias inquebrantables pero también fobias encendidas. Él lo sabe y persevera. Falta le ha hecho en una legislatura llena de sobresaltos. El eterno delfín tuvo que renunciar en 1999 a la secretaría general del PPdeG y a la presidencia del partido en Pontevedra en aras de la renovación ordenada desde Génova. Cuiña quemó sus naves para mantenerse a flote en la Xunta, aferrado a una de las carteras de mayor peso estratégico. Siempre a la derecha de Fraga en el Parlamento, y como uno fijo en más de una quiniela sucesoria. Pero ese cemento que hace país también forja rencores. La Voz revelaba en enero del 2000 la existencia de una oscura trama para asesinar a Cuiña. Un caso que sigue abierto. El último susto El último susto le sobrevino hace unos días. El conselleiro tuvo que salir al paso de informaciones que vincularon su participación en empresas familiares con su rol de cargo público. A la oposición le faltó tiempo para elucubrar con una filtración interna del PP. Tan incisivo como incómodo para la dirección del partido, Cuiña intuyó nuevas bazas en la negociación de la alta velocidad, de la que salió como el hombre del tren. El maquinista de esa locomotora que el PP de Fraga confía que le lleve a la cuarta legislatura por la vía rápida. Envalentonado, el conselleiro enarbolaba en la Cámara el plan ferroviario como credencial para un protagonismo mayor en el partido. «Xa ocupei moitos cargos no meu partido; todos menos un», replicó a la oposición siempre dispuesta a lanzar pullas al aspirante. Ahora, en una precampaña en la que juega un papel activo, ya ha anunciado que no tiene prisa. Lo que tranquiliza a muy pocos e inquieta a casi todos.