Uno de los peritos, experto en Psiquiatría Forense, apuntó que el agresor tuvo «una pérdida de control de los impulsos, porque se produjo un acto repetitivo que indica una gran ofuscación», y que este comportamiento «es propio de crímenes pasionales, a los que antiguamente se les llamaba epilépticos, con mucho ensañamiento». Los forenses destacaron la «enorme dificultad» que tuvieron para realizar la autopsia, porque eran «restos óseos, un esqueleto, no era un cadáver», y calificaron de «caso excepcional» el estado en el que se encontraba, ya que «llevaba veinticuatro días muerta aunque parecía que llevaba seis meses o más», subrayó uno de los expertos que intervino. Debido a todas las explicaciones realizadas por los forenses, así como a la proyección de fotografías, uno de los miembros del jurado se sintió indispuesto, por lo que el juez le preguntó si era necesario suspender la sesión, aunque finalmente prosiguieron con la exposición, y durante toda la sesión la madre de la víctima, Alicia Hornos, lloró en silencio. La vista oral entra en la recta final. Las partes podrían presentar sus informes hoy mismo o, como muy tarde, el próximo lunes.