Walbis Bay (Namibia), a medio camino entre las dunas y el océano, acoge a uno de los más importantes colectivos de emigrados a África A medio camino entre el desierto y el océano, en plena costa namibia, se encuentra uno de los colectivos más importantes de gallegos emigrados a África. Walbis Bay, a unos 300 kilómetros al oeste de Windhoek, la capital del país, acoge a varias empresas productoras y transformadoras con sede en la comunidad. Walbis Bay es una ciudad para europeos diseñada con pensamiento europeo, en la que se habla principalmente inglés, portugués, alemán, español y gallego, y en la que habitan algunos de los marineros más curtidos de todo el mundo. Entre ellos, y aunque no siempre lo reconozcan, quizás por humildad, están los pescadores gallegos.
30 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Las dunas que rodean Walbis Bay marcan el principio del desierto de Namib y están numeradas oficialmente. La ciudad está volcada en la pesca, pero cuando mira al mar vuelve la espalda a la inmensa extensión de arena que la amuralla por el este. En Walbis Bay operan varias empresas gallegas y la mayoría de gallegos trabajan en actividades relacionadas con la pesca. Es el caso de José Luis Reyero, director general de Cadilu, con 450 empleados y una facturación cercana a los 4.000 millones al año, y de Benito Núñez, vigués y jefe de flota de Covimar. Está casado con Paloma Ballesteros, la asistente social de la Casa del Marino, en donde también trabaja Luisa Fernanda Iglesias, enfermera que decidió quedarse tras una época en el Esperanza del Mar, el buque hospital que atiende a la flota y en el que conoció a su marido. En Walbis Bay también vive Jesús García, ovetense casado con una gallega y que se siente medio gallego. Es director general de Josmar, empresa dedicada a la construcción y reparación de maquinaria de procesamiento de pescado. Hoy cumple 41 años, y cuando se le pregunta qué hace a 9.000 kilómetros de casa, su respuesta tiene mucho que ver con los años pasados en el mar. Vidas excepcionales A los gallegos o medio gallegos de Walbis Bay no es fácil convencerles de que sus vidas son excepcionales. Ellos dicen que quien decide dedicarse al mar acepta una vida llena de alegrías y desasosiegos, ilusiones y dureza, soledad y solidaridad, temporales y calma. Antiguamente, la ley del mar permitía a los marinos que cruzaban los tres cabos más temidos del mundo -San Vicente, Buena Esperanza y Cabo de Hornos- colocarse un pendiente por cada ruta. En Walbis Bay, a medio camino entre el mar y las dunas, viven varios de los últimos representantes de esa generación de lobos de mar criados en el océano. Si aquella tradición siguiera viva, todos llevarían aros en la oreja.