Disfrutar de un día de playa en cualquiera de los arenales de O Grove suele salir caro al ánimo de los visitantes. El istmo es un auténtico cuello de botella en el que las largas colas son estampa habitual. Recorrer esos dos kilómetros de carretera ha llegado a suponer hasta cuarenta minutos de espera y frenazos para muchos y muy airados conductores. Cuando Cuiña inauguró las obras de ampliación, anunció que con los cuatro carriles se acabarían los atascos. Un problema que no le resulta ajeno, ya que él es uno de los miles de turistas que aprovechan las vacaciones para descansar en O Grove. No es el único. Sus compañeros de partido José Luis Baltar y Francisco Cacharro también se dejan ver por tierras mecas. Como el presidente de Castilla-La Mancha, José Bono.