Alfredo Cordero es el único de los diez acusados que acudió al juicio con las esposas puestas. Todos los demás están en libertad provisional bajo fianza. Haciendo honor a su status de presunto capo de primer nivel, se buscó uno de los abogados con más alto caché del foro madrileño: el catedrático Manuel Cobo del Rosal, que acudió al juicio en silla de ruedas, con un aspecto físico que nada tiene que ver con el que lucía hace siete años en la Casa de Campo, en el juicio del caso Nécora, en el que se ocupaba de la defensa del empresario Celso Barreiros Rodríguez. En el estrado de los togados también se sientan otros veteranos de la Casa de Campo. Uno de ellos es el gallego Eleuterio Cudeiro, que había conseguido la absolución de Cordero en aquel histórico juicio y que fue apartado de su defensa el año pasado, cuando entró en escena el polémico letrado pamplonés Javier Morales. Otro veterano es Fernando Muñoz Perea, que defiende a Ramón Ortigueira Trasende, uno de los presuntos jefes de este desembarco. Muñoz Perea, en la Nécora, se encargó de los intereses de Francisco Javier Martínez Sanmillán, uno de los procesados en rebeldía en este sumario que se está juzgando. Entre los noveles destaca José Mariano Trillo-Figueroa, hermano del ministro de Defensa, que recibió una sonora bronca del presidente del tribunal, Siro Francisco García, porque pretendía que la sala le pidiese permiso para grabar el desarrollo del juicio.