Fraga elude comprometerse a mantener un debate electoral con sus adversarios

S. LORENZO SANTIAGO

GALICIA

MERCE ARES

Asegura que decidirá «no seu momento» la posibilidad de acceder a un careo con sus rivales en la campaña de las autonómicas Manuel Fraga aún ve la campaña electoral a una distancia suficiente como para permitirse coquetear con la idea de acceder a un debate televisivo con sus rivales. El presidente de la Xunta jugó ayer con esa posibilidad, pero evitó un compromiso firme para replicar a sus adversarios sobre un plató televisivo. Fraga, que secundó la decisión de Mayor Oreja de condicionar el debate en Euskadi a la presencia del candidato socialista, arguyó que de un careo en Galicia hablará «no seu momento». El responsable del Ejecutivo ya participó en 1993 en un debate -entonces, con el socialista Sánchez Presedo-, aunque en 1997 no quiso reeditar la experiencia.

03 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Ni el calendario ni la composición del hemiciclo que esbozan los primeros sondeos parecen preocupar a Manuel Fraga hasta el punto de pronunciarse, a cinco meses largos de la cita con las urnas, sobre la posibilidad de escenificar un debate en la campaña gallega. Fraga, que en su primera candidatura en 1989 reclamaba el careo como prueba de modernidad, no muestra ahora especial inclinación por la idea y alega que decidirá en su momento. El jefe del Ejecutivo respaldó la propuesta de Jaime Mayor Oreja de que el candidato socialista Nicolás Redondo participe en un debate a tres bandas en la campaña electoral vasca. Fraga calificó incluso la decisión del PNV de rechazar ese planteamiento como una «xogada torpe» de este partido en su intento de separar «ás dúas forzas constitucionalistas». El precedente de Presedo Menos locuaz estuvo el político de Vilalba a la hora de valorar si en Galicia se dan las condiciones para organizar un careo ante las cámaras. Sentenció sutil que «de Galicia, falaremos no seu momento». El candidato del PP ya pasó por esa experiencia en 1993, cuando se enfrentó con el socialista Antolín Sánchez Presedo en la capilla del Hostal dos Reis Católicos. Las crónicas de la época tildaron aquel encuentro de tedioso intercambio de cifras, pero que despertó el máximo interés de los telespectadores. Cuatro años después, Fraga jugó a la ambigüedad y acabó negándose al debate.