Vecinos de Sada pagan el billete a una mujer dominicana que debe viajar a su país para renovar el visado
02 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Xiomara Lara llegó a España hace siete meses. Salió de su pueblo, San Cristobal (República Dominicana), con una delegación de su país que tenía Roma como destino. Pero en España tenía unas primas: «Habían venido antes y me dijeron que aquí encontraría trabajo». Justo el que falta en República Dominicana. No se lo pensó mucho. Pidió dinero a un familiar (unos dos millones de pesetas) y se embarcó en busca de un mejor y más claro futuro. De Roma no quiso saber nada. España le atraía y para aquí se vino. «No entré de la forma correcta», reconoce Xiomara. Venía sin papeles. En destino tenía unas primas, que viven en Galicia, además de muchas ilusiones por labrarse un futuro y obtener los pesos suficientes para darle mejor vida a su familia, devolver el dinero que le prestaron para salir de su república y traer a sus hijos y establecerse en España, aunque para eso deberá cumplir al menos dos años de residencia en el país. No le va demasiado mal. Xiomara vive con sus primas en O Burgo (Oleiros) y todas las mañanas se desplaza en autobús hasta el cercano municipio de Sada. En esta villa costera, que sabe mucho de emigración, ha conseguido un trabajo de empleada de hogar. Limpia en una casa. «Allí me tratan bien. Estoy muy agradecida», asegura. Además, aumenta sus ahorros limpiando por horas en otras casas. Desde que tiene empleo ha arreglado en parte sus papeles y dispone de un permiso de trabajo. En Sada ha encontrado trabajo y amigos. Entre ellos César Martínez Fandiño. Él la veía todos los días en el bus. «Non falaba con ninguén, e ninguén lle falaba», afirma. César entabló conversación con ella y supo algunas cosas de su vida. Supo entonces que Xiomara llora en la distancia por sus cuatro hijos, una chica de 13 y tres varones de 10, 9 y 8 años. También supo que quienes más le hablan son los conductores que todos los días la llevan de casa al trabajo. «María», la llaman: «Non te vaias, que te espera un periodista». Ella accede a la entrevista. «Quiero agradecer el apoyo del pueblo de Sada», dice. El apoyo se traduce en unas doscientas mil pesetas para el billete y para dar alguna alegría a sus hijos. César lo recaudó entre los sadenses. Les contaba la historia y resumía la petición en un papel: «Colabora con una ciudadana a retornar a su país de origen para legalizar su situación».