El Umia se salió de su curso 27 veces desde noviembre Antonio Andrade mira con cara de precisión milimétrica el curso de un Umia que es un poco Amazonas. Se acerca a la pared y con una tiza azul marca hasta cinco metros de altura. Tiene la delicada labor de medir este río. Este río que es una pesadilla. Caldas de Reis está harta de ser una Venecia atlántica.
21 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Os buscadores de ciudades sumergidas pierden el tiempo rastreando la Atlántida en Las Azores. O la mítica Duio en las rompientes de Fisterra. Para encontrar una auténtica ciudad sumergida hay que irse tierra adentro, donde el Umia ciega con una constancia desesperante los cinco ojos del que fuera puente romano de Caldas de Reis. Desde el otoño, Antonio Andrade, a quien le pagan por observar los márgenes de este río ácrata, contó 27 desbordamientos, incluido el que desde el martes desquicia los nervios de los comerciantes de este paraíso termal. Esto quiere decir que el agua turbulenta y fangosa que ahora cría posos en los sótanos pasó de la medida estándar que hace saltar la alarma. «Non hai discusión, se pasa de 2,70 metros, iso é un desbordamento». Andrade sienta cátedra. Cualquiera por estos lares puede dar una conferencia sobre los caprichos del Umia. Recuerdan «a grande do 78», como los de San Francisco se acuerdan del big one, el terremoto más destructivo. Se acercan al río a ver cómo respira, comprueban las medidas que dibujó Andrade y suspiran. Ayer, a las cuatro de la tarde, el Umia no había tenido bastante y se aproximaba ambicioso a los cinco metros. En octubre de 1987, «a outra grande» alcanzó los 5.76. O Muíño Herminia es una de las que se asoma al puente. Por edad, vio muchas inundaciones, pero se conserva bien gracias al elixir de juventud que guarda en sus barricas la tasca O Muíño. Sus muros de piedra son los primeros en pagar los excesos del río. «Espero que non pechen, porque ese viño é ouro», dice. A pesar del desánimo de los comerciantes, que se dedican a achicar agua como náufragos de Gran Sol, José Luis Goldar y su padre no trasladarán el enxebre O Muíño a otro lugar. Sencillamente porque no se pueden llevar la magia de este rincón a otra parte. Goldar tiene una particular manera de medir los niveles de agua. «A noite de Reis, chegou ó máximo. Ata a mitade da televisión. E como de momento non as fan sumerxibles...». Los comerciantes de calles como la Real, Laureano Salgado y A Tafona afrontan el hecho de ser víctimas de una inundación permanente con resignación y hartazgo, pero no falta el sentido del humor. Algunos, como Celso, de la cafetería las Termas, reconoce que las crecidas le provocan «malestar psicolóxico». En la radio suena un estribillo que canta todo el subconsciente colectivo de Caldas de Reis: «Primavera que no llega, primavera que no llega...». Celso sólo pide que llegue un verano normal y que el sol de la mañana que da en su terraza acompañe el desayuno de sus clientes. «Eu só quero que se relaxen. Hai moito estrés». Para José Luis Goldar, está claro que el polémico embalse del Umia apenas tiene un efecto regulador sobre un río indómito. Y si se tiene en cuenta los partes meteorológicos que maneja Andrade, qué se va a contar. A Carmelo sí que no le van a convencer de las bondades de la presa, porque se despierta sobresaltado pensando que puede reventar. «Deixa claro que os da Coordinadora contra o encoro non son todos do Bloque», dice. Carmelo fue militante del PP y dirigente de Nuevas Generaciones. Un día rompió su carné del partido, pero cree que aún no le dieron de baja. Y es que Carmelo se considera, ante todo, un «axitador». Y odia el embalse. Comerciantes «anfibios» El conselleiro Xosé Cuiña volvió en la madrugada de ayer a consolar a estos comerciantes, que por los caprichos del destino se están volviendo un tanto anfibios. A José Piñeiro, que cambiará su tienda de deportes a calles de secano, le dijo que se invertiría lo que fuera necesario para domesticar al Umia. Cuenta Goldar que en la última visita del conselleiro, en la inundación del día de Reyes, tuvieron que sacarlo en volandas de su Audi oficial, porque se había empantanado en uno de esos charcos oceánicos. Cuenta Goldar, también, que antes de hacer nada, deberían controlarse los rellenos de algunas empresas de la ribera. «Eu penso que taponan o Umia», cabila. Como Piñeiro, hay otros que buscan sitios a prueba de inundaciones en las zonas secas de Caldas. Como los venecianos, que renunciaron a la belleza del Lido por librarse del reuma de los canales. A Andrade le gustaría dejar de medir el cauce del Umia y jubilarse.