El tedio y el dolor para ver a los vivos

La Voz

GALICIA

EL RECIBIMIENTO

08 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Las notas del hilo musical de Lavacolla en la madrugada de ayer no se correspondían con la pesadumbre y el dolor de los familiares y amigos de los supervivientes del Hansa. Faltaban quince minutos para la llegada del vuelo y allí permanecían todos juntos, con los ojos puestos en las compuertas metálicas. Sin embargo, el luminoso panel, inmisericorde, aplazó el momento del encuentro y anunció un nuevo retraso del avión procedente de Madrid. David Caamaño, de ocho años, jugueteaba con las barras metálicas mientras la mirada angustiosa de su madre se perdía en el infinito. «El é forte, pero foi un milagre», explicaba. Torres Colomer, alcalde de Ribeira, y José Francisco Arestín, representante de los palangreros, paseaban de un lado al otro del aeropuerto, cabizbajos, como si fueran dos padres primerizos. Finalmente, sobre la una de la madrugada, aparecieron los diez supervivientes, cuyos rostros quedaron deslumbrados por un ejército de cámaras. Los rostros de cansancio y dolor fueron sus verdaderas declaraciones. La madre de Juan Jesús Caamaño, angustiada, por fin constató el milagro: «¡Meu filliño!».