Una artefacto casero de pólvora explota en una aldea de O Carballiño y destroza el coche de unos jubilados Sus perfiles son muy comunes: varón jubilado de 67 años y esposa de 61, que cotiza por el censo agrario y que cuida de su suegro casi centenario. No son los de una familia que pueda despertarse con el estruendo de una bomba, artesana pero efectiva, que en la madrugada del sábado les dejó sin vehículo y con la puerta de su garaje hecha añicos. Ocurría en Lousado, una aldea de O Carballiño con doce habitantes. La bomba provocó más alarma en la Guardia Civil y en la policía nacional que entre los vecinos del lugar.
18 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Lousado es una pequeña aldea de Piñor. Ubicada en una antigua carretera que desemboca en la carretera N-525, recibió este fin de semana a más efectivos de la Guardia Civil y del servicio de desactivación de artefactos explosivos que habitantes tiene. La razón está en el estallido de una bomba casera que destrozó el vehículo de Manuel Fernández, jubilado de 67 años, quien no acierta a entender el motivo de la colocación de la bomba. Definida por la Guardia Civil como un «artefacto casero, con pólvora y con retardo pirotécnico de mecha lenta», es para Manuel y María Damián el susto y el disgusto más grande de toda su vida. María se presenta como «unha muller que non ten cartos nin débedas», y que completa la pensión de 60.000 pesetas de su marido con el cultivo de patatas y verduras, y el cuidado de un cerdo para llegar a fin de mes «e pagar as 20.000 mil pesetas da agraria». No tiene reparos en abrir las puertas de su domicilio a quien quiera escuchar lo que les ha ocurrido. Está acostumbrada, tras haber atendido a todos sus vecinos y haber respondido a preguntas de la Guardia Civil. A los agentes les ha explicado que haber nacido en Lousado, casarse con un hombre de una parroquia cercana sin ningún tipo de actividad política ni social, no la convierte en alguien que pueda recibir amenazas. Su preocupación es el disgusto recibido por su familia. El sentimiento de tristeza, confiesa, ha dado paso a la rabia. Los gastos Su marido corrobora todas y cada una de sus palabras para añadir que ahora deberán afrontar el gasto de la reparación, bien con unos pequeños ahorros o «vendendo un eido». Ambos rechazan la ayuda económica ofrecida por los vecinos. La reparación del vehículo, cuya parte trasera quedó destrozada, rondará las 400.000 pesetas. Tendrán que reparar la puerta del garaje y colocar varias tejas. Pasado el susto, afectados y vecinos comienzan a buscar explicaciones. Todos coindicen en señalar que «foi un erro». Al preguntar con quién podrían haberles confundido, llega el silencio, puede que forzado. «Nós somos bos», dicen.