LA ENFERMEDAD BOVINA ALCANZA ESPAÑA Los ganaderos de A Pastoriza, el pueblo gallego con más reses, ven hundirse su mundo Venancio Iglesia tiene 200 vacas. Hasta hace diez días se sentía satisfecho y optimista tras haber multiplicado por veinte la explotación ganadera que recibió de su padre y que quiere transmitir a sus hijos. Ahora está hundido: «É o caos». «De seguir así imos caer como as moscas ante o insecticida». «Estou fatal». Como Venancio, todo el municipio de A Pastoriza, el de mayor censo de reses bovinas de Galicia, ve peligrar su futuro, construido sobre una temprana concentración parcelaria que impulsó la ganadería.
02 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.«O nome de A Pastoriza ven de pasto. Por eso temos tantas vacas aquí», proclama ufano Jorge Pacios, presidente de la Cooperativa O Caxigo. Inmeditamente aclara que esa sencilla ecuación no se corresponde con la realidad. «Isto era moi pobre antes da concentración parcelaria, que se fixo hai trinta anos. Penso que fomos os segundos de Galicia, despois do concello de Negreira en face-la. Logo a gandería deulle moito empuxe a A Pastoriza. De feito, aquí houbo menos emigración ós países de Europa que noutros pobos desta zona», argumenta Jorge Pacios. El horizonte en el concello lugués de A Pastoriza es un mar de pastos, espectacularmente verdes, repleto de valles muy fértiles y sin montes especialmente inclinados. En él campan a sus anchas 21.435 reses, según el censo de saneamiento ganadero de la Xunta de Galicia, en el que ocupa el primer lugar por delante de Lalín (Pontevedra), con 21.069. A Pastoriza, con 4.165 habitantes, tiene cuatro vacas por persona. «¿De que imos vivir? «¿De que vai vivir A Pastoriza se esto non pasa?», se preguntan Isabel y Balbina, administrativa y propietaria de una tienda de electrodomésticos, respectivamente. «Eu xa vin a xente moi afundida», apunta Isabel, quien reconoce que sólo consume la carne que sabe de donde procede. Pero en A Pastoriza se sigue comiendo carne. «A xente toma o de sempre», explica María José detrás de la barra del restaurante Aldor. Hace días que las vacas tolas monopolizan las conversaciones en el bar, aunque «todo vai pasando». Sin embargo, los ganaderos temen que la crisis se agrave por la aparición de más casos. «A Xunta enorgullécese de ter todo controlado e non controla nada», critica Diógenes Iglesia, propietario de casi un centenar de cabezas de vacuno. Tuberculina «Debémolo ós nosos veciños da UE», afirma con evidentes muestres de antipatía al europeísmo Venancio Iglesia. Opina que el mercado común ha sido positivo «nalgunhas cousas, pero os gandeiros estaríamos gañando máis cartos fóra». Él ya vio como se le deshacía la explotación, cuando en 1991 le sacrificaron 101 vacas afectadas por la tuberculina. Venancio Iglesia había empezado con once cabezas catorce años antes, «porque me gusta o campo. Invertimos moito en moderniza-la granxa, mercar cota láctea e fincas». Tras el golpe de la tuberculina Venancia compró en Alemania y Francia las vacas para rehacer su establo, hasta llegar a las 200 cabezas. Pero ahora siente que llegó el «caos», del que culpa a la Administración. «Unha vez que os sentamos nos despachos, esquéncense de nós. O presidente da Xunta dixo que non había problema. Aí se ve a falta de sentido común dos políticos», afirma. «Os galegos resistimos todo», sentencia José Luis Lodos, otro ganadero de A Pastoriza. Pero Venancio está hundido: «Tiña a ilusión de que os fillos seguiran coa granxa, pero agora estou moi decepcionado».