Un amigo en Fomento

La Voz

GALICIA

PERFIL: Francisco Álvarez cascos, ministro responsable de las obras públicas ACE dos años lo daban por políticamente muerto, pero él está empeñado en resucitar a base de trabajo y de gestos como ponerse un despacho en Barajas para afrontar el caos aéreo. Empantanado en un conflicto fratricida en Asturias y lastrado por una imagen poco recomendable para el viaje al centro, Álvarez Cascos dejó en enero del año pasado la secretaría general del PP, cargo al que había accedido diez años antes de la mano de Fraga.

16 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Como apuntaban todas las quinielas, tras las elecciones abandonó la vicepresidencia del Gobierno, pero no dejó los bancos azules del Congreso, sino que se hizo cargo de una cartera clave, la de Fomento, para gran alegría de la Xunta. La satisfacción era doble, porque quien sí desaparecía era Rafael Arias Salgado, ahora presidente de Carrefour España. Nunca lo admitieron en público, pero era más que evidente el descontento de los populares gallegos por el retraso en las obras de Pedrafita o la falta de compromisos concretos con la alta velocidad ferroviaria. Sólo una vez destituido Arias, José Cuiña, conselleiro de Política Territorial, reconoció implícitamente ese malestar al señalar que Cascos se encontró «con una situación heredada». Pero si Fraga y Cuiña se cuidaban de criticar en público a Arias, ahora no escatiman sus elogios a Cascos. «Su trato con Galicia no lo ha tenido jamás ningún otro ministro de Obras Públicas, como se demuestra con sus compromisos sobre la alta velocidad y la Transcantábrica», declaró el conselleiro. Poco importa que esas promesas no se hayan plasmado en los Presupuestos Generales del Estado del 2001. En la Xunta no se vislumbra desconfianza, sino una fe total en Cascos. Así, los populares gallegos aducen incansablemente que las obras tienen sus plazos y que no puede haber dinero si aún no hay proyectos. Nacido en Madrid hace 53 años, Cascos, ingeniero de Caminos y padre de cinco hijos en dos matrimonios, es en realidad asturiano, circunstancia que lo hace más receptivo a los problemas de aislamiento del noroeste. Pese a su fama de mamporrero, su gran aspiración es emular a Jovellanos, el ilustrado asturiano, impulsor de las obras públicas en España. Si Jovellanos es su referente remoto, Fraga es el maestro político de Cascos, quien pertenece a ese grupo de dirigentes aznaristas, como Loyola de Palacio o Federico Trillo, curtidos a su sombra. Como buen discípulo del de Vilalba, el asturiano es enérgico, pescador de río y se ha pateado Galicia en campañas y campañas. Sintoniza con Cuiña, con cuya trayectoria guarda cierto paralelismo, al haber abandonado casi simultáneamente la dirección del partido, y es capaz de hacer gestos populistas tan del gusto de algunos dirigentes gallegos, como tocar la pandereta en Monte Faro. Los plazos de ejecución del tren de alta velocidad y la Transcantábrica serán los jueces de la actual luna de miel entre la Xunta y el ministro de Fomento.