El Madrid logra con una goleada su octava Copa de Campeones

La Voz

GALICIA

La fiesta del fútbol español en Europa acabó con el cuadro blanco acrecentando su leyenda a costa de un Valencia muy ingenuo Cuarenta y cuatro años después de que consiguiera su primera Copa de Europa en el Parque de los Príncipes de París, el Real Madrid volvió a la capital francesa para lograr la octava, ahora con el nombre de Champions League y en el estadio de Francia, en Saint Denis. El conjunto madridista venció al Valencia con una goleada (3-0), con tantos de Morientes, McManaman y Raúl. Más de cincuenta mil españoles vieron el partido en directo en el estadio galo, que fue de claro dominio de los merengues.

24 may 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

El Real Madrid impartió en París una lección magistral de jerarquía, clase y saber estar en los duelos de la verdad y se coronó campeón de Europa por octava vez en su historia. El campeonísimo madrileño ofreció su mejor versión, manejó como quiso todos los tiempos del partido y por momentos ridiculizó a un Valencia al que pesó como una losa ser novato en estas lides. Jugadores como Redondo, Raúl y Roberto Carlos dejaron claro que estos partidos no son nuevos para ellos. Los valencianistas, en cambio, actuaron con nervios, candidez, siempre acongojados, incapaces de romper el ritmo del partido. Mendieta, Farinós y Gerard todavía tienen que crecer y en Saint Denis no exhibieron cultura de final. El Valencia murió con honra, después de una temporada histórica, y su gente debe estar orgullosa de este ejército de héroes. El choque empezó con los típicos nervios e imprecisiones de los primeros minutos, pero el Madrid fue creciendo. Tocó más y mejor, manejó la situación con mayor tranquilidad, tuvo paciencia y fue metiendo en su área al Valencia. Salgado y Roberto Carlos entraron bien por banda, Raúl supo descolgarse para abrir huecos y Anelka, pese a sus constantes resbalones, pudo con Gerardo. Morientes tuvo la caña siempre lista para pescar. A partir de Helguera, libre por detrás de los centrales cuando atacaba el Valencia y por delante cuando su equipo poseía el balón, el Madrid supo conectar con Redondo, un futbolista que se crece en las grandes citas. El equipo naranja no se pareció a ese once con desparpajo y fuerza arrolladora que practica un fútbol total y se come a sus rivales desde la presión adelante y valiente, el robo de balón y los contragolpes eléctricos. De forma paulatina, el Madrid fue encontrándose más a gusto en Saint Denis y no perdonó. Míchel Salgado robó la cartera a Farinós y Morientes superó a Cañizares. Quedaba un mundo por delante, toda la segunda parte. El Valencia salió más arriba en la reanudación, pero también más nervioso. El Madrid se parapetó atrás y buscó la sentencia en los despistes del rival. Raúl, en un bello intento de vaselina, pudo lograr un gol inolvidable antes de que McManaman marcase con una inapelable volea desde la frontal. El ingenuo Valencia no tuvo capacidad de reacción y el Madrid, con un golazo de Raúl tras recorrer más de cincuenta metros, vivió un tránsito cómodo hacia la gloria, con Sanchís y Hierro sobre el césped. Y van ocho.