MARCOS S. PÉREZ MI CALLE
25 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Galeras representa mejor que ningún otro lugar la relativización del progreso. Esta calle creció y se hizo bulliciosa gracias a instituciones como el hospital Xeral y el estadio de Santa Isabel. Pero el progreso vuelve obsoleto al propio progreso y tanto el hospital como el estadio volaron a una punta y a otra de la ciudad. El problema no acabó aquí, sino que más bien comenzó. La mayor parte de los comercios de la zona habían surgido para gestionar el dolor que se iba a depositar en el hospital: floristerías, tiendas de ortopedia, cafeterías..., todo giraba alrededor del Xeral. A la vez que el hospital presentía su propia muerte, en Santa Isabel se ahogaban los gritos de apoyo al Compos, que se trasladaban a San Lázaro para vivir años dorados. Así pues, el progreso se comía al progreso y a la ciudad le nacía un hueco casi en su centro matemático. Sin embargo, las ciudades también tienen un alma en su pecho, un alma que respira y que no se apaga tan fácilmente. Su alma son sus habitantes. Por eso Galeras está a salvo de morir, a salvo de desaparecer. Y a salvo de algo que sería aún más grave: ser una calle olvidada, una calle vulgar por la que la gente pasase sin guardar un solo recuerdo (bueno o malo), una calle como tantas otras. redac.santiago@lavoz.com