Tras dos meses inmovilizado por una lesión tras caerse del escenario, el cantante retoma su gira, con escalas en Pontevedra (20 de agosto) y en A Coruña (17 de septiembre)
14 ago 2026 . Actualizado a las 13:38 h.Confiesa Dani Fernández (Alcázar de San Juan, 1991) que el 18 de abril sintió que su carrera terminaba. Ese día, en Valencia, se cayó al foso desde el escenario. «Al final, fue una rotura de ligamentos del hombro, pero pudo haber sido la cabeza o la columna», comenta. Pero ni siquiera dos meses estuvo fuera de juego. El 6 de junio retomaba su gira La insurrección, que el 20 de agosto hace escala en el recinto ferial de Pontevedra y el 17 de septiembre en el Coliseum de A Coruña.
—¿Hay un Dani Fernández de antes y otro de después del accidente?
—En el escenario sí. Ahí todavía me está costando. Yo era un loco, me subía a todos los sitios y no pensaba en el mañana. Ahora intento ser el mismo, pero, de repente, cuando me voy a subir a algo pienso: «¿Y si me caigo?». Ese miedo aún lo tengo en el cuerpo. Pero, a la vez, valoro y disfruto los conciertos mucho más que antes, porque nunca sabes cuándo esto se puede acabar.
—Cuando volvió tras el accidente dijo que había tenido tiempo para reflexionar mucho. ¿Qué lección aprendió de pasar por un trance como ese?
—Que no somos dueños de nuestro destino. Una de las cosas que más me fastidiaron fue tener el accidente en el momento en el que más estaba disfrutando de los conciertos. Así que durante todo ese tiempo que estuve parado, a mi cabeza se me venían muchas cosas negativas, pero, a la vez, reflexionas y valoras otras que tenías antes y a las que, a lo mejor, no le dabas importancia. Me he dado cuenta de que yo era, y soy, un tío superafortunado.
—¿Cómo empleó esos casi dos meses en la estacada?
—Cuando me caí mucha gente pensó: «Bueno, ahora vacaciones». Pero para nada ha sido así. No pude hacer nada de lo que me habría gustado hacer si estuviera de vacaciones. No podía coger una guitarra, no podía tocar, no podía componer, no podía ir a jugar al fútbol con mis amigos, no podía coger el coche para llevar a mi hija a la guardería... Lo que hice fue entrenar muy duro e ir al fisio todos los días para volver al escenario en el mejor estado de forma posible y que la gente no me viera con un cabestrillo.
—¿Cuál considera que es su particular insurrección, su pequeña revolución personal?
—Darme cuenta de lo que es la industria musical e intentar ser coherente y honesto conmigo mismo, con lo que siento y con la gente que tengo a mi alrededor. Y dejar de estar más pendiente de los móviles, de los vídeos y de las redes sociales que de lo que estoy viviendo.Yo vivía con una ansiedad tremenda por tener que estar continuamente presente en las redes, y eso nos estaba haciendo daño a mí y a mi familia. Ahora vivo la vida de manera más real.
—¿Qué no sale en las fotos del éxito?
—En mi caso, los pañales y los biberones. (Se ríe). Hace unos días tocamos en el Pirineos Sur y cuando ves esas fotos dices: «Buah, ¡qué guay!». Pero cuando vuelvo a casa, tengo una hija de 3 años, con todo lo que eso conlleva. Hoy parece que solo puedes subir a tus redes las fotos aesthetic, porque si subes una comiéndote un bocata de lomo con queso en un bar de carretera, que para mí es uno de los placeres de la vida, ya no tienes glamur. Y yo sigo siendo el mismo que antes, de verdad. Sigo teniendo los mismos amigos, yendo a los mismos sitios y teniendo la misma filosofía de vida que siempre.
—En esa filosofía están muy presentes la autenticidad y la honestidad. ¿Son valores pasados de moda?
—No lo creo. Yo veo a Quevedo o a Rosalía, que son muy tops, y ellos tienen su personalidad y su autenticidad y no tienen miedo a la hora de hacer canciones. Al final, la gente que lo peta es por algo. Para mí, lo más importante en un artista es ser honesto consigo mismo para poder hacérselo llegar a la gente. Los buenos artistas son los que consiguen que las personas que escuchan sus canciones sientan cosas. Y eso es en lo que yo me centro siempre.
—En relación con su pasado, le he escuchado varias veces definirse como un bicho raro. ¿Sigue teniendo esa sensación?
—En algunas cosas, sí. Cuando yo hablo de bicho raro me refiero a que, por ejemplo, cuando yo era chaval, me gustaban canciones bastante diferentes a las del resto. Cuando les decía a mis amigos que escuchaba a Alejandro Sanz, me decían: «¿Pero eso qué es?». O a que nadie de mi entorno quería ser cantante y cuando yo comentaba que quería serlo, me decían que era imposible y que no iba a llegar. O a que cuando ellos iban a jugar al fútbol, yo me quedaba en casa tocando el piano... Por eso digo que siempre he remado un poco a contracorriente. Ahora sigo siendo un poco raro en el sentido de que no escucho la música que reina en el mundo. A mí me sigue gustando el rock, y eso no es que me haga mejor ni peor, sino un poco diferente.
—Entenderá que cuando uno ve las fotos de sus conciertos con esas multitudes, piense: «Vaya, pues para ir a contracorriente no le va nada mal».
—De verdad que mi proyecto ha ido muchas veces a contracorriente. Me ha costado muchísimo llegar hasta aquí. También es cierto que cuando lo digo ahora, me estoy refiriendo a que vamos en contra de la música que se está llevando, de lo que escuchan los jóvenes. Y te aseguro que cuando yo hago música no pienso en los números ni en las reproducciones, sino en hacer buenas canciones. Y ahí es donde siento que voy a contracorriente porque cada vez más se miran los números, las reproducciones o si estás en el top 50. Yo le doy valor a otras cosas. En cualquier caso, es cierto que yo no me puedo quejar.
—Dice que no oye la música que reina en la actualidad, ¿qué está escuchando?
—Ahora mismo, Barry B y Carlos Ares son los artistas que más escucho. Además de por su música, son dos tíos que se les ve a la legua que son gente buena y con ganas de hacer grupo. También escucho bastante a Niña Polaca y a mis bandas favoritas de siempre, como Radiohead, The 1975, Love of Lesbian o Supersubmarina.
—¿Cuál ha sido el mejor consejo que le ha dado otro músico?
—Que me perdonara mi pasado. Que perdonara lo que fui para poder abrazar lo que venga más adelante.
—¿Y ha conseguido hacerlo?
—Estoy en ello todavía. ¿Sabes eso que dice la gente de «yo perdono pero no olvido»? Pues yo estoy intentando olvidar también.
—Porque a día de hoy, ¿quién marca las reglas: el artista, el público o el algoritmo?
—Creo que es una mezcla de todo: el público, las canciones, estar en el momento justo donde tienes que estar... Al final, aunque el algoritmo tiene mucho que decir, el artista es la base, porque si no hace buenas canciones, el algoritmo no va a poder hacer su trabajo. Y el público es el 80%.
—¿Qué le gustaría hacer por primera vez?
—Volver a tener la sensación de hacer un concierto por primera vez. Incluso la de hacer un primer disco. Esa sensación de sentirte en el vacío y en la cuerda floja es muy excitante. Todo el mundo busca la estabilidad, pero cuando la tienes, a veces, también echas de menos sentir que te puedes caer en cualquier momento.
—En una ocasión me dijo que le gustaría hacer un grupo en el no que no figurase su nombre para volver a tener la sensación de tocar de forma anónima.
—Eso todavía lo sigo teniendo en mi cabeza y en algún momento ocurrirá. Me gustaría montar una banda con otros amigos, con otro tipo de música y hacer cosas diferentes con otro proyecto.
—¿Y qué merece la pena conservar cuando «todo cambia»?
—La familia y los amigos. Eso es lo más importante para mantener los cimientos que te han sostenido según has ido creciendo.
—Sobre una foto de su estancia en Pirineos Sur, su «community manager» escribió: «Pensando en el futuro». ¿Qué nos tiene preparado para ese futuro?
—Estoy pasando por un momento muy bonito en mi vida, y por fin noto que tengo ganas de volver a hacer música. Tengo ganas de meterme en el estudio, de empezar a hacer cosas y de evolucionar. He pasado por un momento de saturación que me ha llevado a estar dos años sin hacer canciones. Pero en estas últimas semanas he vuelto a sentir ganas de pensar en el futuro y hacia dónde quiero ir. Me gustaría decirte hacia dónde voy a ir, pero ni lo sé ni tengo prisa por saberlo. A partir de octubre voy a hacer un parón y me voy a ir fuera porque necesito inspirarme y encontrar cosas que el día a día aquí no me está dando. Lo que queríamos reflejar con esa foto y ese comentario es que sí que tengo ganas de seguir haciendo música, aunque vaya a parar un tiempo.
—¿En qué lugar de Galicia se perdería si quisiera desaparecer del mapa una semanita?
—Lo tengo clarísimo porque es uno de los lugares donde más libre me he sentido en mi vida: en la playa de Razo. Ese lugar me lleva a un montón de momentos felices de mi vida. En Razo soy muy feliz e intento volver allí cada vez que puedo.
—Hace año y medio nos dijo que acabará viviendo en Galicia. ¿Lo mantiene?
—Sí, sí, lo sigo manteniendo. A mi mujer y a mí nos encanta Galicia y cada año tenemos que ir. El problema es que me gustan tantos lugares que no te podría decir dónde iría a vivir, porque me flipa Santiago, me flipa A Coruña, me flipa Vigo... Pero tengo claro que en algún momento estaré un tiempo por ahí. Cien por cien.
- PONTEVEDRA. RECINTO FERIAL. 20 AGOSTO. 22 H. 49.50 EUROS
- A CORUÑA. COLISEUM. 17 SEPTIEMBRE. 21 H. 49,50 EUROS