El rey del «thriller» llega con una historia de terror ambientada en una casa encantada que existe y que arrastra un pasado sangriento
09 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Acostumbrados nos tenía J.D. Barker a ese juego psicológico de títulos como El cuarto mono que te llevaba a encadenar una página tras otra preso de una historia que atrapa hasta el último punto. Este último ingrediente vuelve a aparecer en su última novela El pacto que, sin embargo, adereza toda la fórmula con vías totalmente nuevas que demuestran que el rey de la novela negra tiene todavía mucho con lo que sorprender.
Es la ambientación, la atmósfera opresora y asfixiante lo que hace de la novela atrape a cualquier durante sus días de retiro vacacional. Permite viajar hasta la isla y, sobre todo, hasta la casa en la que los adolescentes imberbes que protagonizan la historia se verán inmersos en una pesadilla tras descubrir el sangriento pasado que arrastra este peculiar paraje. El punto de terror paranormal lo pondrá una entidad antigua que demandará sacrificios a cambio de cumplir deseos.
«Quería escribir una historia de miedo que girara alrededor de una casa encantada. Pero no quería hacer la misma historia de siempre donde una pareja compra una casa y descubre un secreto. Empecé a indagar en qué es lo que desencadena la creación de una casa encantada y me encontré con la frase: 'Para que una casa encantada nazca, alguien tiene que morir'. Tuve esa frase guardada en mi teléfono durante cinco o seis años», relata J.D. Barker, quien admite que la tarea no fue tan sencilla como en otras ocasiones: «Suelo tardar unos tres meses en escribir un libro, pero este me llevó cuatro años. Desde el principio intenté escribir un thriller directo, sin incluir nada paranormal. Pero con los años he aprendido a escuchar a mis personajes y dejarme llevar para que ellos me guíen en la historia. Por mucho que intentaba mantenerlos en el terreno de los thriller más clásicos, ellos solo acababan yéndose hacia lo paranormal. Cuando la escritura funciona, es como ver una película en mi cabeza y lo que intento es escribir tan rápido como puedo», resume el autor.
Un lugar que existe
Lo que muchos no saben es que, más allá de la ficción, tanto la casa como la isla que se retratan en la novela del americano tienen un punto (y grande) de realidad. Existen. «Yo vivía en Newcastle y un día salí a correr por la playa y vi a lo lejos Wood Island, una isla pequeña en la que se erigía una única casa. Al verla, supe que ese era el escenario», asegura. Mientras investigaba se topó con que el lugar había sido una zona de cuarentena para la fiebre amarilla donde murieron miles de personas y en la que durante una época muy negra de la historia americana se llegaron a lanzar los cadáveres para alimentar a los tiburones: «Cuando mueren tantas personas en un lugar tan pequeño, la isla se convierte en una especie de batería que atrapa toda esa energía tan terrible. Además, en 1973 se encontraron dos cuerpos enterrados en la playa, uno de ellos de una niña de 10 años, y la investigación sobre qué había sucedido desapareció de los registros sin dejar ningún rastro», añade Barker.
Todo esto ha creado un lugar que, asegura, provoca sin explicaciones una sensación de desasosiego terrible: «Yo he ido a la isla con mi familia. Mi hija de cuatro años quería llevarse conchas de la playa y se lo prohibí terminantemente. ¿Pasar una noche ahí? Jamás».