El justo homenaje a Carmen Díez de Rivera

Mercedes Boado

FUGAS

Carmen Díez de Rivera
Carmen Díez de Rivera xxx

«La soledad fue el precio» también revela el desagravio hacia una mujer extraordinaria por haber sido injustamente calumniada y silenciada

30 jul 2026 . Actualizado a las 13:29 h.

Este libro no es solo la biografía de una mujer única, fascinante. Es memoria viva de un tiempo, de unos personajes que lograron el «milagro» de concitar acuerdos, aunar voluntades y coordinar esfuerzos para el logro de una democracia plena. La vida de Carmen Díez de Rivera tiene visos de tragedia griega. Nace en 1942 en cuna aristocrática que le esconde un «secreto» de su nacimiento que ella no descubrirá hasta 1959 cuando a los 17 años planea casarse con Rolo Serrano Suñer. Es vital aclararle a Carmen la mentira de su origen: «No puedes casarte con Rolo porque es tu hermano». El desgarro interior que le causa esta noticia lo expresa ella así: «Noté que algo dentro de mí se rompió para siempre». Efectivamente, nunca se cerrará la herida ni perdonará a su madre el engaño en que la mantuvo. Necesita huir, alejarse de Madrid. Se marcha de cooperante a África, donde encuentra consuelo, paz y otra realidad. Carmen no volverá a ser la misma, porque… «África pasó por ella».

Franco muere en 1975. Era urgente redactar la Constitución de 1978 que enterraría definitivamente 40 años de dictadura. Y en este hito histórico fueron clave dos personajes: Juan Carlos, impulsor y motor del cambio, y Adolfo Suárez, presidente del Gobierno. Carmen Díez de Rivera estará vinculada a Adolfo Suárez desde 1969, cuando, recomendada por don Carlos y doña Sofía, accede al puesto de jefa del Gabinete de Adolfo Suárez, entonces director general de RTVE. Son reveladoras las primeras palabras de Carmen a Suárez: «Quiero que sepa que estoy aquí porque necesito dinero, pero no estoy dispuesta a ganarlo ayudando a la dictadura… Así que me lo voy a pensar». Adolfo, desconcertado, cuenta así este comentario: «Me han puesto de secretaria a una marquesita monísima, pero un poquito impertinente».

Impertinente o no, Carmen enseñaría sus cartas: no sería una simple secretaria al uso. Rebeldía y firmeza de carácter que demostraría al ser nombrada la primera y única mujer como jefa de Gabinete del presidente del Gobierno Adolfo Suárez. Desmontar el engranaje de la dictadura franquista era la primera y arriesgada tarea en el proceso histórico de la Restauración, y es aquí cuando Carmen Díez de Rivera destaca como verdadera impulsora, en su doble rol de consejera y estrecha colaboradora de Adolfo Suárez. Y es aquí, también, donde se revela su innata y eficaz vocación política. Nadie como ella supo tejer con éxito alianzas y consensos, a primera vista irreconciliables, con los únicos resortes de su inteligencia y esa sabia mezcla de prudencia, diplomacia y verdad. Y siempre desde un aparente segundo plano como corresponde a una simple secretaria, al que con ironía ella se refiere: «Según parece, las mujeres solo podemos ser secretarias».

Pero Carmen deseaba cimentar su quehacer político sobre una base sólida de conocimiento y sabiduría, lo que explica que entre sus amistades predominasen intelectuales como Tierno Galván, de quien admiraba su erudición tanto como su credo político. Tampoco rehuyó las contradicciones. Sus raíces aristocráticas no estorbaron su interés por las causas sociales y las ideas izquierdistas. Recién licenciada en Ciencias Políticas, quiso hacer una tesina sobre Dolores Ibárruri. Amiga temprana del padre Llanos, defendió sin reservas cuestiones muy polémicas: la ley de amnistía, la legalización del Partido Comunista, o causas arriesgadas en una sociedad absolutamente sumisa a unas creencias religiosas dogmáticas y totalitarias, tales como el derecho al aborto, el divorcio, el feminismo y el ecologismo.

Carmen murió joven, a los 57 años. Este hermoso libro es el justo homenaje a la fecunda vida de una mujer extraordinaria. También un desagravio por haber sido injustamente calumniada, cuestionada y silenciada.