La misteriosa mujer que puso en jaque la verdad

Mercedes Corbillón

FUGAS

Nunca vi Roma con nieve, aunque he soñado con esa imagen estos días de calor tórrido que tanto agradecen los cuerpos, al menos un ratito, después todo es lamento en la panadería, en el supermercado, en la floristería donde se marchitan las rosas y los gladiolos. Qué rápido nos ponemos mustios en este mundo que arde por la polarización y el cambio climático, un fuego donde la verdad se pierde, de tanto relativizarla, de tanto adaptarla al gusto del consumidor o del juez o del partido político. Arde la ley y el asfalto y en las hogueras ardemos todos y algunas no encontramos ascua a la que aferrarnos mientras todos gritan defendiendo a la democracia que convierten en cenizas.

En el libro que estoy leyendo, una frase preside uno de sus capítulos: «La verdad es una cuestión de creencias, los hechos no existen». La pronunció Duguin, filósofo, asesor de Putin. No le falta razón al ruso. La bola, que así se titula la ¿novela?, está estos días en el centro del huracán, bueno, de la tormentita que solo siguen los del mundillo. La historia es la de un fantasma que revolucionó el mundo del periodismo en la época de su derrumbe, cuando las viejas estructuras cayeron para dar paso a una nueva época llevándose por delante cientos de puestos de trabajo mientras el dinero huía hacia otros destinos. Ahí emergió una figura misteriosa que movió los hilos, ejerció influencia y creó una revista distinta que algunos adoraron y otros denostan, como al libro de Verdú. El fantasma era una mujer que nunca se dejó ver. Desde su reclusión, convencía y seducía a docenas de hombres a los que enviaba fotos de una mujer hermosa que no era ella. Sin embargo, tal vez hubiera verdad en su virtualidad que le permitía jugar con todas esas mentes fascinantes 24 horas al día. El misterio resulta estimulante, es mejor esconder que mostrar, eso entendió pronto Mar de Sanchis, un personaje novelesco, empezando por la ficción de sí misma que creo para ella y para el mundo. Cada uno de los que fue cautivado por ella tendrá su relato, una atalaya diferente desde donde asomarse a esta historia de palabras y sombras. A mí la de Daniel Verdú me encanta. Nada que empiece con la nieve cayendo sobre el Panteón de Roma puede salir mal.