Eva Amaral: «Últimamente, más que música, estoy por oír pajaritos»

FUGAS

En un rincón de Galicia ha encontrado Eva Amaral su refugio vital, creativo y emocional. A Coruña acogerá uno de los cuatro únicos conciertos que harán este año

20 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Además del bagaje emocional que les aporta, Galicia se ha convertido también en su refugio creativo, tal y como confirma Eva Amaral (Zaragoza, 1972). Aquí compondrán a lo largo de este año las canciones de su próximo disco. Pero antes, toca finalizar la gira de Dolce Vita, con cuatro únicos conciertos. El próximo, en el Coliseum de A Coruña.

­—¿Sabe que la primera visita de Amaral al Coliseum fue en el 2005, hace 21 años?

—¡Madre mía! ¡Qué barbaridad! ¿Y sabes lo que más me sorprende? Que el 2005 no me parece tan lejano, pero cuando dices 21 años es cuando me doy cuenta del tiempo que ha pasado.

—La industria musical ha cambiado mucho en este tiempo, ¿para mejor o para peor?

—Hay cosas que tenían que cambiar y que han ido a mejor, como que los artistas tenemos ahora muchas más herramientas a mano para crear y para llegar a nuestro público. Pero, en contrapartida, es muy difícil sortear la barrera del algoritmo. Pero bueno, el mundo de la música nunca ha sido fácil y nunca lo va a ser. Y no nos debería bastar con adaptarnos a los tiempos. Tenemos también que intentar cambiarlos. No se trata solo de sortear las dificultades, sino de hacer lo posible por acabar con ellas, sobre todo cuando son injustas. No es fácil, porque en el gremio de la música nos falta un poco de unión. En ese sentido, yo envidio el mundo del cine, en el que hay un todos a una para exigir que se cambien ciertas dinámicas.

—¿Su actual refugio en Galicia tiene que ver solo con su momento vital o también con esta vorágine de la industria?

—Tiene que ver con que yo necesitaba estar en un entorno cerca de la naturaleza. Juan no tiene esa pulsión, él es más urbano, aunque cuando pasa una temporada aquí conmigo, también lo agradece. Estar en un entorno donde no hay tantos estímulos, tantas luces y tanto ruido hace que la cabeza funcione de otra manera, como que todo circula mejor ahí dentro. Ha sido una elección muy meditada porque ya llevaba muchos años pensándolo y la estoy disfrutando muchísimo. Tenemos una canción que dice: «Quiero encontrar mi sitio», pues yo creo que lo he encontrado y estoy tremendamente feliz.

—Hay una cosa que me inquieta del anuncio de su concierto en A Coruña. Lo presentan como «único concierto en Galicia», pero con la apostilla «en un largo periodo de tiempo».

—Bueno, es porque el plan que hemos hecho para este año, en lugar de seguir la corriente y hacer mil conciertos, es hacer canciones nuevas. Entonces, vamos a hacer el de A Coruña y el de Donosti, que también es especial porque es el lugar donde Juan nació, y después nos vamos a meter en el estudio hasta diciembre, que haremos el fin de gira en Barcelona y Madrid. Así que trataremos de vivir al día y volcar en el estudio todas las las ideas que hemos tenido durante este tiempo.

—¿Cuántos años hace que no tenía un verano a su disposición?

—No lo sé. No recuerdo un verano así de tranquilo.

—¿Qué planes tiene para esos meses, además de componer?

—Pues como para viajar ya están las giras, disfrutaré muchísimo de este entorno de Galicia en el que me encuentro ahora mismo. Estaré en mi casa leyendo, viendo películas y bajando al río a hacer deportes náuticos.

—En un momento de la canción «Dolce Vita» dicen que precisamente eso, la «dolce vita» es «algo que nadie nos puede arrebatar». ¿Está segura?

—No, no estoy segura. Igual que no estoy segura de ser un rompehielos, que es otra canción de ese disco. Pero está bonito pensarlo por un momento y salir adelante con esa sensación de que nadie nos lo pueda arrebatar. Aunque para ello, a veces, tengas que pelear un poquito.

—En esa canción también dicen: «No me importa a quién ofenda». Amaral no ha sido un grupo muy de ofender, pero tampoco de los que se han callado.

—Cuando hemos sentido que era necesario estar en un lugar o plantar cara, lo hemos hecho. Es verdad que estar todo el rato en todas las causas puede dar lugar a una exposición que te deje tocada. Por eso hay que elegir bien las batallas en las que participas. Pero no hemos hecho ni más ni menos que cualquier otro ciudadano, lo que pasa es que a lo mejor nuestra voz se escucha más amplificada porque tenemos un micrófono en la mano.

—¿Y en qué batalla se siente ahora comprometida?

—Ahora mismo creo que lo primero es plantar cara a la oscuridad, al volver atrás, al fascismo y al odio. Y no del todo ajeno a eso, está también el hecho de que hay que defender el entorno en el que vivimos y restaurar el equilibrio, cada vez más roto, de una naturaleza que, como no hagamos algo, nos puede llevar por delante.

—En «Dolce Vita» dicen también que no son la voz de una generación. Yo tengo la sensación de que lo son incluso para dos.

—¿Tú crees? [se ríe]. La verdad es que hemos tenido mucho cariño por parte de la gente y es muy emocionante ver que a los conciertos viene gente muy joven que nos habrá descubierto por sus padres o por artistas de otras generaciones. Pero no queremos esa responsabilidad. Tenemos nuestras opiniones, nuestros valores y nuestras canciones, pero no queremos ser el faro de nada.

—¿Y qué tal se lleva con la nueva generación? ¿Está al corriente musicalmente o tiene la mirada puesta en el retrovisor?

—Un poco de todo. Hay gente que tengo alrededor que me va descubriendo música y yo la disfruto. Lo que más me gusta de ellos es que están haciendo música sin ningún tipo de prejuicios. Pero, si te soy sincera, últimamente estoy más por oír pajaritos. Estoy muy silenciosa, muy de leer y de escuchar el silencio.

—¿A qué suena Galicia?

—Ahora mismo, al canalón por el que todo el rato está bajando agua (se ríe). Para mí Galicia suena a los pájaros que escucho todos los días con las primeras luces del sol. A ese silencio roto por esos primeros pájaros que pían en el ciprés de la puerta de mi casa.

—¿Una palabra que defina el momento actual de Amaral?

—Yo creo que estamos como la gaseosa, que si desenroscamos el tapón nos vamos a salir. Si pueden ser dos palabras, diría efervescencia creativa.

—En los últimos meses han subido al escenario a cantar con Valeria Castro, con Eladio y los Seres Queridos, con Love of Lesbian, con León Benavente... ¿Qué les lleva a esa permanente disponibilidad a compartir canciones con otros artistas?

—En el caso de todos los que has nombrado es por absoluta adoración. Es gente a la que admiramos muchísimo y son canciones que nos han acompañado a nivel personal durante mucho tiempo.

—Hasta no hace mucho parecía que los músicos de pop y de rock no eran muy dados a las colaboraciones, que eso era solo cosa de artistas urbanos y latinos. Sin embargo, hoy semeja que por fin hay una especie de hermandad, de camaradería o de falta de competitividad.

—Totalmente. A mí me parece que esa evolución en la industria ha sido muy positiva. El hecho de derribar esa barrera de la competitividad y de «yo estoy aquí en mi corralito y tú no entras ni de coña» es una de las mejores cosas que ha traído la evolución de la industria. A nosotros no encanta poder compartir música con otros compañeros, incluso aunque estilísticamente no tengan nada que ver con nosotros. Porque siempre vamos a aprender algo, seguro. Y además vas a echar un buen rato.

—¿Una frase que le gustaría escuchar del público cuando terminen su concierto?

—El otro día alguien en Avilés nos dijo: «Fue el mejor concierto de mi vida». No pido tanto, pero el show está pensado para salir de él feliz, así que me gustaría que la gente saliera pensando que ha sido una de las cosas más intensas y bonitas que han visto en su vida. Ahí es nada.

  • A CORUÑA. COLISEUM. SÁBADO 21. 21.00 H. DESDE 45.36€