Hye-Young Pyun, la revelación coreana: «Nuestro propio cuerpo puede ser lo que más miedo nos dé»

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La escritora coreana Hye-young Pyun, distinguida con el premio Shirley Jackson, presenta su nuevo libro en España
La escritora coreana Hye-young Pyun, distinguida con el premio Shirley Jackson, presenta su nuevo libro en España

La autora, distinguida con el Premio Shirley Jackson, llega a España con una novela de terror psicológico sobre la vulnerabilidad que sienten los dependientes

06 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Convertirse en una persona dependiente; dejarse caer en manos de familiares o de trabajadores totalmente ajenos a nuestra vida; confiar en que el bienestar propio queda totalmente fuera de nuestra gestión… Permitir ser cuidado es, al fin y al cabo, un acto de fe. Y, en los peores casos, puede acabar convirtiéndose en una película de terror. Una pesadilla que la escritora coreana Hye-young Pyun encarna en su nuevo libro El pozo a través de Ogi, un hombre que sufre un accidente de tráfico que convierte su propia existencia en un agujero negro lleno de miedos, sospechas y recelos. El fatal incidente con el coche deja al protagonista viudo y preso de un cuerpo que ya no controla y que debe ser mantenido por su suegra, un personaje inquietante que nunca revelará si actúa por amor, por dolor o por venganza.

La dependencia llevará a Ogi a ver cómo todo su mundo se desmorona, a ser un mero espectador ante la devastación que su suegra va desatando en su propia casa y en su jardín, un lugar sagrado para su difunta esposa cuyo cuidado extremo se había convertido en su único consuelo. Ahora, la nueva gestora del hogar, la suegra de Ogi, se dedica con una calma que perturba al lector a ir cavando agujeros en ese peculiar edén cada vez más profundos que van hundiendo al dependiente en un pozo del que es difícil salir.

Hye-young Pyun —distinguida con el Premio Shirley Jackson— presenta una novela psicológica en la que el terror se mete entre la piel a pesar de no mostrar ninguna escena sangrienta, sino que va adentrándose en la oscuridad a través de una forma de escritura inquietante e incluso poética, mostrando con diferentes flash-backs una vida profundamente marcada por el arrepentimiento de los silencios pasados, por las frases que se quedaron sin decir o por la venganza y la continua sospecha hacia la familia.

­—La novela es capaz de hacer que sea mucho más aterrador aquello que se sugiere que lo que se muestra explícitamente…

—A mí me encantan los géneros literarios de misterio o los thrillers, pero los seres sobrenaturales o los monstruos no me dan miedo. En la novela no hay sangre, no hay heridas… Nada de eso. Pero hay otra forma de terror más psicológica, más real, que provoca mucho miedo porque nos permite reflexionar sobre nuestra propia vida.

­—Ogi despierta en una especie de limbo. Está atrapado en un cuerpo que ya no le pertenece, que no le permite comunicarse y que le muestra que su vida ya no es suya. ¿Esta parálisis física es una metáfora de la impotencia humana frente a un destino que no podemos controlar?

—Sí, yo quería que los lectores entendieran que el cuerpo puede convertirse en una cárcel y que nuestro propio cuerpo puede acabar siendo lo que más miedo nos provoque en la vida.

­—Vivimos en una sociedad muy envejecida. La dependencia de Ogi se debe a una circunstancia desgraciada, un accidente de tráfico, pero hay mucha gente que por el propio devenir de la vida acaba siendo dependiente y tiene que enfrentarse a que su hogar deja de ser un refugio para convertirse en una prisión. Ogi depende de un familiar cuyas intenciones son un enigma impenetrable, ¿qué te atraía de explorar esa delgada línea entre el cuidado y la crueldad?

—En un principio quería que los lectores vivieran todo el tema del cuidado desde el punto de vista de la suegra, del cuidador, porque es una tarea cansada que supone mucho sufrimiento. Pero después me di cuenta de que existía otra forma de verlo. Cuando la suegra invade el hogar, ese espacio que para Ogi era cómodo y familiar, lo convierte en una cárcel. También el cuerpo es una prisión para el protagonista. Todo lo que había ganado, todo lo que había conseguido, empieza a perderlo poco a poco. Además, hay un punto en el que todo cambia y, quien creías que en un principio se estaba sacrificando por ti, te das cuenta de que en realidad te está maltratando. Cuando es consciente de todo esto, el miedo que siente el protagonista es inmenso...

­—Después de escribir una historia tan oscura, ¿qué emociones permanecen?

—Más que oscura, creo que es una historia que trata sobre la soledad del ser humano. Él ha hecho todo lo que ha podido para intentar vivir bien, pero al final, por diferentes circunstancias que le han ocurrido, ese esfuerzo no ha servido y ha llegado a un momento tan triste como el que tiene en la actualidad. Durante toda la historia se pregunta a sí mismo qué es la vida, realmente qué es lo que le ha llevado a estar como está ahora. No es una historia de esperanza. Pero al exponer la vanidad del personaje, al mostrar la desesperación en la que está inmerso, nos permite reflexionar como lectores sobre nuestra propia vida.