Quique González: «Soy más festivo que nostálgico, aunque no lo parezca»

FUGAS

Quique González.
Quique González. MAQUIEIRA

Generoso con su público, comprometido con sus causas y quizá más lúdico que nunca, el músico hace este fin de semana doblete en Santiago

02 feb 2024 . Actualizado a las 09:32 h.

El rock ha muerto, jalean. Los cantautores ya no se llevan, sentencian. Pero luego llega Quique González y llena dos noches la sala Capitol. El músico celebra sus 25 años en la profesión con dos conciertos en Santiago en los que regala a su público la reinterpretación en directo de dos de sus discos emblemáticos. El sábado tocará Daiquiri Blues (2009) y el domingo Salitre 48 (2001).

—¿Cómo surge esa idea de hacer de nuevo en directo discos antiguos?

—Lo más usual en una gira de aniversario es hacer tus canciones más conocidas o más celebradas, pero yo quería hacer algo distinto y darle más importancia a los discos más queridos o que han tenido más trascendencia. Me parece que es un gesto de respeto al público fiel que me ha venido acompañando todo este tiempo. Es cierto que conlleva más riesgo porque al final le estoy pidiendo a los músicos de mi banda que se aprendan más de 80 canciones. Y no hay muchos músicos que estén dispuestos a hacer eso. Pero ellos tienen mucha generosidad conmigo y, por supuesto, mucho talento y mucha capacidad para llevarlo a cabo.

—¿Cómo decides qué disco haces en cada concierto?

—Es un poco aleatorio. Si tocamos dos días, en uno me gusta tocar Daiquiri Blues. Y luego voy cambiando entre Me matas si me necesitas, Salitre 48 y Pájaros mojados. Intento variar entre un fin de semana y otro.

—Además del disco elegido, ¿con qué completas el repertorio?

—Pues salvo cuatro o cinco canciones que suelo tocar siempre, tipo Vidas cruzadas, Salitre, Charo..., el resto lo voy cambiando según lo que me apetece cada día.

—¿Qué has descubierto con este saludable ejercicio de volver a poner en el escenario estos discos y estas canciones?

—Espero que no suene pretencioso, pero lo que estoy descubriendo es que en su mayoría han envejecido bien. Estoy razonablemente satisfecho con cómo les ha sentado el paso de los años.

—¿Las interpretas fieles a la original o las has actualizado?

—Sí, he cambiado algunas cosas, incluso algún verso del que no estaba plenamente contento. Y también las hemos adaptado al formato que llevamos y al sonido de esta banda.

—Si tuvieses que hacer un disco ajeno, ¿cuál escogerías?

—Uf, no lo sé [se queda pensando]. Haría el No me iré mañana, de Antonio Vega.

—No te pones pequeño reto.

—Como sé que no lo voy a tener que hacer en realidad, puedo apuntar alto [se ríe].

—Donde sí que homenajeas a otros músicos es en tu último disco, «Copas de yate», en el que versionas ocho canciones. ¿Por qué has hecho ese álbum?

—El año pasado publicamos una caja con toda mi discografía en vinilo y yo quería ofrecerle un extra a la gente. Barajé la posibilidad de que fuesen algunas canciones mías de esas que nunca había llegado a grabar o hacer un epé con temas nuevos. Pero también me apetecía ir al estudio a jugar, sin la presión de ofrecer material nuevo. En principio íbamos a grabar cuatro o cinco canciones, pero nos liamos la manta a la cabeza y acabamos grabando ocho.

—No recurriste a lo más evidente. Casi todas son canciones muy desconocidas.

—Es que de Serrat, Antonio Vega o Sabina, que me encantan, ya hay muchas versiones. Me apetecía, ¿cómo decirlo?..., atacar por la retaguardia, hacer canciones que fueran especiales para mí pero que no estuvieran ya muy cantadas por otros.

—Tan bien llevadas a tu terreno están que cuesta hasta creer que no sean tuyas.

—Es que al final uno no puede escapar de sí mismo. Sí, yo he intentado llevarlas un poquito a mi terreno respetando al máximo las canciones, con naturalidad y sin que perdieran su esencia.

—¿Trabajaste en alguna que se te resistiera y finalmente acabaras por descartarla?

—Hice una buena lista de canciones, pero las fui descartando antes de llegar al estudio. Salvo la de Carlos Cano, que llegó a última hora y de casualidad, las demás las había ensayado un poco en casa con Toni [Brunet] y ya nos dimos cuenta de que sí que podíamos hacer algo con ellas.

—Hablando de la versión de Carlos Cano, si a cualquiera de tus seguidores le dicen que iban a escuchar a Quique González cantando una copla...

—Sí, no se lo creerían. Lo que pasa que es una copla pasada por el tamiz de Tom Waits. He intentado llevarla ahí.

—¿Arriesgas más con las canciones de otros que con las propias?

—Sí, porque con las canciones de otros tienes mucho menos pudor que con las tuyas. No tienes esa presión porque las canciones de los otros son más incuestionables que las de uno.

—¿Qué canción tuya te gustaría que grabase alguien? Y ya puestos, ¿quién?

—Me gustaría que Nina, de Morgan, cantara La casa de mis padres.

—En la portada leemos «Copas de yate. Volumen 1». ¿Significa eso que va a tener continuidad?

—Sí que me gustaría. Ahora estoy centrado en grabar mi próximo disco de canciones nuevas, pero sí que me gustaría que entre ese disco y el siguiente también nos juntáramos en algún momento para jugar con otras canciones que no tengan que ver conmigo y otro concepto que de momento no tengo ni pensado.

—¿Qué nos puedes adelantar de ese nuevo disco con temas propios?

—Tengo nueve canciones que me gustan ya cerradas y algunas cosas más que aún no están terminadas. Ahora estoy viendo posibilidades de cómo y dónde grabarlo. Espero entrar en el estudio a finales de este año y publicarlo en 2025. Estoy bastante ilusionado. Creo que tengo canciones chulas. Por lo menos tengo canciones que me gustan a mí, lo que ya es un buen comienzo.

—Te he oído decir que los recuerdos son mentirosos. Y la nostalgia, ¿es peligrosa?

—Yo no me considero una persona excesivamente nostálgica. Me gusta la celebración. Soy más festivo que nostálgico, aunque a alguno no se lo parezca [se ríe]. Pero sí, supongo que es peligroso agarrarte emocionalmente a cosas que ya han pasado o a personas que ya no están ahí.

—¿Dónde están ahora tus colegas de hace 25 años?

—Aunque vivamos en ciudades diferentes, sigo teniendo la misma cuadrilla desde hace más de 30 años. Somos amigos del barrio, que hemos crecido jugando en la calle. En realidad, más que una amistad, mantenemos una hermandad. Es uno de los pilares de mi vida. Y de hecho unas cuantas veces al año nos juntamos en alguna ciudad para pasar unos días y seguir disfrutando del hecho de estar juntos. Nos cuidamos mucho.

—También te he escuchado decir que disfrutas mucho de no hacer nada, que es algo que no es tan fácil como parece.

—Sí, me obligo un poco a eso. Es que a veces parece que no estamos haciendo nada y surgen momentos creativos también. Yo creo que para para lo que hago yo viene bien un poco de parón, de contemplación, de escucharte a ti uyn poco o escuchar a los demás y no estar con esa presión de tener que producir algo todo el tiempo.

—Has pedido explícitamente a los votantes de Vox que no vayan a tus conciertos.

—Simplemente, expresé un deseo, una preferencia. Y a raíz de ello he sufrido amenazas, insultos de todo tipo, incitación a la violencia, recuerdos poco cariñosos a mis padres muertos... Lo cual no hace sino la darme la razón. Yo no me siento cómodo con gente que niega la violencia machista, el cambio climático, los derechos a las personas del colectivo LGTBI... No me siento cómodo con gente que piensa así y por eso lo dije. Simplemente estoy ejerciendo mi libertad de expresión.

  • SANTIAGO. SALA CAPITOL. SÁBADO 3 Y DOMINGO 4. 21.00 H. ENTRADAS: SÁBADO AGOTADAS. DOMINGO 27,50€