Alma de secreto

Mercedes Corbillón LA CIUDAD Y LOS LIBROS

FUGAS

A estela dun avión atravesa o solpor da costa lucense. 15/07/2022
A estela dun avión atravesa o solpor da costa lucense. 15/07/2022 PEPA LOSADA

13 ene 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

En la cafetería del aeropuerto, mi exmaridito me preguntó si le había dicho a alguien que viajaba con nosotras. «A todo el mundo», le contesté. Hizo un gesto de fastidio y siguió dando vueltas con la cucharilla como, si en lugar de disolver el azúcar, me estuviera disolviendo a mí. Está claro que tengo alma de secreto, pensé yo soplando al té y mirando al infinito, que en realidad era una sala enorme llena de personas con mochilas y tarjetas de embarque de Ryanair. Las niñas volvieron diciendo que ya estaba embarcando nuestro vuelo y que en el baño se había acabado el papel higiénico.

En la cola les conté que cuando a Carmen Laforet la invitaron a una estancia como escritora en EE.UU. hubo de pedirle permiso a su marido para viajar y que este se lo dio a cambio de que nunca hablara de él ni de su matrimonio en sus textos. Por suerte, ahora las mujeres somos un poquito más libres, al menos para comprar un billete de avión, añadí resabiada.

Tormentito me miró como si le estuviera leyendo el libro de instrucciones de la nevera y a continuación me preguntó si en Francia podría comer todo el pain au chocolat que quisiera. Claro, mi amor, le dije, mientras tesorito se hacía un selfi aprovechando la luz que entraba a raudales por los ventanales. Cuando ya estaba yo elucubrando cómo harán para mantener limpios esos cristales, mi ex me espetó: «Lo que tú quieras, pero a mí ni me menciones».

Me salvó la azafata de tierra, que me pidió el DNI justo a tiempo. La familia desestructurada que somos nos desperdigamos por los asientos lejanos y no pagados del avión. Intenté ser simpática con mi compañero de fila y le dije revolviéndome en mi exiguo espacio: «Las compañías de bajo coste han sido creadas para convencer a la clase obrera de que somos clase media, ¿no crees?». Nos elevamos sobre las nubes y en ese instante tenemos la absurda sensación de ser alguien.

Por respuesta le pidió al personal que lo cambiaran de asiento. Lo vi bufar mientras se acomodaba al lado de mi exmaridito, al que, por cierto, si veis por ahí, no le contéis ni una palabra de todo esto.